/ domingo 9 de junio de 2019

¡Auch!

En una semana, Donald Trump nos hizo pasar por varios estados emocionales. Sentimos miedo, enojo, resignación, júbilo y luego otra vez cierto coraje, por cómo han sucedido las cosas.


El magnate que gobierna la Casa Blanca, siempre ha tenido fama de “chico malo”, de negociar con la estrategia de la amenaza. Él mismo ha dicho que cuando detecta que el rival es débil, ataca para aplastarlo.

Quizá eso detectó en México y, sin olvidar que está en campaña para buscar la reelección en el país más poderoso del mundo, lanzó la amenaza de aplicar un cinco por ciento de aranceles a los productos mexicanos a partir de este lunes, y así iría subiendo el porcentaje hasta llegar niveles inimaginables de 25 por ciento.

¿Cómo tendría que ser la reacción de las autoridades mexicanas? ¿Bastaría el “amor y paz” que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha lanzado varias veces?

Una delegación encabezada por el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, quien por ahora tiene los reflectores encima y se le podría considerar hasta presidenciable, viajó a Washington, donde a pesar de la espera logró resultados. Sí, pero a qué precio.

México logró evitar la aplicación de aranceles, pero a cambio tendrá que endurecer su política migratoria y ser “tercer país”, es decir, todo extranjero sin papeles que ingrese a Estados Unidos y sea deportado, tendrá que esperar en tierras aztecas, mientras el vecino del Norte, decide qué hacer. El gobierno de la 4T deberá desplegar 6 mil elementos de la apenas creada Guardia Nacional al Sur de México. ¡Auch!


NEGOCIACIÓN DESIGUAL

La revista Proceso de esta semana, un medio “de izquierda” que siempre atacó a los gobiernos priístas y panistas, publica una portada contundente. En ella se ve a unos policías federales deteniendo, de buen modo, pero deteniendo a una mujer con un bebé en brazos y a otro niño que llora sostenido de su mano. No hay más que agregarle a esta imagen.

La revista infiere que así será ahora la estrategia migratoria del gobierno mexicano que inició difundiendo la idea de una política de puertas abiertas.

En su texto principal, Proceso explica, con base en “especialistas consultados”, que la negociación de México y Estados Unidos fue desigual. Prácticamente nos pusieron de rodillas.

Ni el discurso del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pronunciado en Tijuana, a pesar de que fue bueno, nos pudo borrar la idea de que le haremos la chamba al “Tío Sam”, pues de lo contrario vendría otra oleada de “tuitazos” de Mr. Trump y otra vez a sudar frío. ¡Auch!


UNA MANO EXTENDIDA

Aunque ya había arreglo con Estados Unidos, Andrés Manuel López Obrador pronunció un discurso en el “acto de unidad en defensa de la dignidad de México”, realizado en Tijuana, Baja California, donde recibió el respaldo de gobernadores, legisladores y representantes de organizaciones. No fueron todos, pero asistieron muchos.

Los morenistas y funcionarios del Presidente presumieron que se trató de un gran discurso, y en efecto, no le podemos regatear la habilidad del mandatario mexicano para llegarle al pueblo. Incluso habló más de corrido, contrario a su costumbre.

A pesar de que, aseguró, se aplicará la ley migratoria respetando los derechos humanos, tampoco se puede negar la claridad del “acuerdo” con Estados Unidos, en palabras del propio Presidente de México: “… estaremos ofreciendo ayuda humanitaria, oportunidades de empleo, educación, salud y bienestar, a quienes esperen en México, su solicitud de asilo para ingresar legalmente a los Estados Unidos”. ¡Auch!


DESTACADO (POR SI OCUPAN):

México logró evitar la aplicación de aranceles, pero a cambio tendrá que endurecer su política migratoria y ser “tercer país”, es decir, todo extranjero sin papeles que ingrese a Estados Unidos y sea deportado, tendrá que esperar en tierras aztecas, mientras el vecino del Norte, decide qué hacer.


www.ensaladadegrillos.com

Facebook: @EnsaladadeG

Twitter: @EnsaladadeG

En una semana, Donald Trump nos hizo pasar por varios estados emocionales. Sentimos miedo, enojo, resignación, júbilo y luego otra vez cierto coraje, por cómo han sucedido las cosas.


El magnate que gobierna la Casa Blanca, siempre ha tenido fama de “chico malo”, de negociar con la estrategia de la amenaza. Él mismo ha dicho que cuando detecta que el rival es débil, ataca para aplastarlo.

Quizá eso detectó en México y, sin olvidar que está en campaña para buscar la reelección en el país más poderoso del mundo, lanzó la amenaza de aplicar un cinco por ciento de aranceles a los productos mexicanos a partir de este lunes, y así iría subiendo el porcentaje hasta llegar niveles inimaginables de 25 por ciento.

¿Cómo tendría que ser la reacción de las autoridades mexicanas? ¿Bastaría el “amor y paz” que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha lanzado varias veces?

Una delegación encabezada por el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, quien por ahora tiene los reflectores encima y se le podría considerar hasta presidenciable, viajó a Washington, donde a pesar de la espera logró resultados. Sí, pero a qué precio.

México logró evitar la aplicación de aranceles, pero a cambio tendrá que endurecer su política migratoria y ser “tercer país”, es decir, todo extranjero sin papeles que ingrese a Estados Unidos y sea deportado, tendrá que esperar en tierras aztecas, mientras el vecino del Norte, decide qué hacer. El gobierno de la 4T deberá desplegar 6 mil elementos de la apenas creada Guardia Nacional al Sur de México. ¡Auch!


NEGOCIACIÓN DESIGUAL

La revista Proceso de esta semana, un medio “de izquierda” que siempre atacó a los gobiernos priístas y panistas, publica una portada contundente. En ella se ve a unos policías federales deteniendo, de buen modo, pero deteniendo a una mujer con un bebé en brazos y a otro niño que llora sostenido de su mano. No hay más que agregarle a esta imagen.

La revista infiere que así será ahora la estrategia migratoria del gobierno mexicano que inició difundiendo la idea de una política de puertas abiertas.

En su texto principal, Proceso explica, con base en “especialistas consultados”, que la negociación de México y Estados Unidos fue desigual. Prácticamente nos pusieron de rodillas.

Ni el discurso del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pronunciado en Tijuana, a pesar de que fue bueno, nos pudo borrar la idea de que le haremos la chamba al “Tío Sam”, pues de lo contrario vendría otra oleada de “tuitazos” de Mr. Trump y otra vez a sudar frío. ¡Auch!


UNA MANO EXTENDIDA

Aunque ya había arreglo con Estados Unidos, Andrés Manuel López Obrador pronunció un discurso en el “acto de unidad en defensa de la dignidad de México”, realizado en Tijuana, Baja California, donde recibió el respaldo de gobernadores, legisladores y representantes de organizaciones. No fueron todos, pero asistieron muchos.

Los morenistas y funcionarios del Presidente presumieron que se trató de un gran discurso, y en efecto, no le podemos regatear la habilidad del mandatario mexicano para llegarle al pueblo. Incluso habló más de corrido, contrario a su costumbre.

A pesar de que, aseguró, se aplicará la ley migratoria respetando los derechos humanos, tampoco se puede negar la claridad del “acuerdo” con Estados Unidos, en palabras del propio Presidente de México: “… estaremos ofreciendo ayuda humanitaria, oportunidades de empleo, educación, salud y bienestar, a quienes esperen en México, su solicitud de asilo para ingresar legalmente a los Estados Unidos”. ¡Auch!


DESTACADO (POR SI OCUPAN):

México logró evitar la aplicación de aranceles, pero a cambio tendrá que endurecer su política migratoria y ser “tercer país”, es decir, todo extranjero sin papeles que ingrese a Estados Unidos y sea deportado, tendrá que esperar en tierras aztecas, mientras el vecino del Norte, decide qué hacer.


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