/ martes 4 de febrero de 2020

Barril sin fondo

Y de nuevo estamos ante un terrible hecho de violencia. Parece como si estuviéramos ante una película que ya vimos. Lo lamentable, como en otros sucesos de sangre, es que prácticamente ha pasado inadvertido en la opinión pública nacional.


Seguimos hablando del avión presidencial y de un supuesto problema en el pago de las pensiones del IMSS, pero poco de este lamentable y nuevo acontecimiento violento. ¿Ya nos acostumbramos?

En Uruapan, Michoacán, nueve personas fueron baleadas al interior de un negocio de “maquinitas”.

La Fiscalía de Michoacán informó que al negocio llegaron cuatro personas, y luego de preguntar por otros sujetos, accionaron las armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y enseguida se retiraron, “como Pedro por su casa.”

Entre los fallecidos por este ataque armado había cuatro menores de edad: uno de 17, uno de 14, uno de 13 y uno de 12 años de edad.

Se podrá decir, como suele decirse: es que seguramente andaban en malos pasos.

El asunto es que los muertos son los muertos y las cifras son las cifras, y éstas siguen creciendo.

La ola delictiva que apenas el año pasado dejó un saldo de unos 34 mil decesos, parece un barril sin fondo…


CON LOS LEBARÓN, GOLPES DE PECHO

El año pasado, en noviembre, la masacre de una familia con la nacionalidad mexicana y estadounidense, los LeBarón, puso los pelos de punta.

En los límites de Chihuahua y Sonora, tres mujeres y nueve niños fueron masacrados, por una presunta confusión del crimen organizado, aunque los familiares dicen que no había manera de equivocarse.

La noticia caló profundo entre los mexicanos, pero también entre la opinión pública de los Estados Unidos, pues los LeBarón tienen la ciudadanía del país de las barras y las estrellas.

Nos dimos golpes de pecho, nos persignamos y aceptamos que un escuadrón del FBI ingresara hasta la zona donde ocurrió la agresión a balazos. Doblamos las manitas por aquello de la soberanía que tanto pregonamos.

Las críticas al gobierno mexicano provocaron hasta una polémica entre obradoristas y “opositores”.

Unos defendían al gobierno de la 4T, diciendo que todo esto es herencia de la ola violenta comenzada en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, el mismo que compró el mentado avión presidencial.

Los otros criticaban que la estrategia de abrazos no balazos, nomás no está dando resultados.

El caso sacudió el avispero, pero al paso de las semanas y los meses, parece que la historia se ha desvanecido y, mientras en Michoacán, uno grupo de personas es asesinado en un negocio de maquinitas, seguimos en las mismas.

Mientras todos seguimos sentados y con la mano en la cintura, quizá pensando que nunca nos tocará, la ola delictiva que habría dejado más de dos mil 300 muertos en las primeras semanas del nuevo año es un barril sin fondo…


NO, NO ES POQUITO

Por toda esta ola violenta, de la que Chiapas no está exento, por supuesto, es que tenemos que poner las barbas en remojo y aceptar lo que está a la vista, lo que hay.

Esta entidad, con todos sus problemas de pobreza y una amplia franja fronteriza, sigue estando entre las más seguras de la nación.

Apenas el lunes, el gobierno estatal reportó que Chiapas tuvo 48 horas de saldo blanco en homicidio doloso.

Parece un periodo pequeño, pero si lo contrastamos con lo que está ocurriendo en entidades como Guanajuato y Michoacán, vivimos en “la playa”.

Las críticas en las redes no se hacen esperar; sin embargo, los números son fríos y no mienten. Nos guste o no la forma en que actúa el gobierno, los resultados están a la vista y no es obra de la casualidad.

En la Mesa de Seguridad, una estrategia que el propio gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, ha pedido replicar en las regiones y municipios, se toman decisiones.

Por eso, debemos insistir, que en 48 horas haya ocurrido cero casos de otros delitos de alto impacto como robo a comercio, robo de vehículo, abigeato, feminicidio y secuestro, no, no es poquito…


www.ensaladadegrillos.com

Facebook: @EnsaladadeG

Twitter: @EnsaladadeG

Y de nuevo estamos ante un terrible hecho de violencia. Parece como si estuviéramos ante una película que ya vimos. Lo lamentable, como en otros sucesos de sangre, es que prácticamente ha pasado inadvertido en la opinión pública nacional.


Seguimos hablando del avión presidencial y de un supuesto problema en el pago de las pensiones del IMSS, pero poco de este lamentable y nuevo acontecimiento violento. ¿Ya nos acostumbramos?

En Uruapan, Michoacán, nueve personas fueron baleadas al interior de un negocio de “maquinitas”.

La Fiscalía de Michoacán informó que al negocio llegaron cuatro personas, y luego de preguntar por otros sujetos, accionaron las armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y enseguida se retiraron, “como Pedro por su casa.”

Entre los fallecidos por este ataque armado había cuatro menores de edad: uno de 17, uno de 14, uno de 13 y uno de 12 años de edad.

Se podrá decir, como suele decirse: es que seguramente andaban en malos pasos.

El asunto es que los muertos son los muertos y las cifras son las cifras, y éstas siguen creciendo.

La ola delictiva que apenas el año pasado dejó un saldo de unos 34 mil decesos, parece un barril sin fondo…


CON LOS LEBARÓN, GOLPES DE PECHO

El año pasado, en noviembre, la masacre de una familia con la nacionalidad mexicana y estadounidense, los LeBarón, puso los pelos de punta.

En los límites de Chihuahua y Sonora, tres mujeres y nueve niños fueron masacrados, por una presunta confusión del crimen organizado, aunque los familiares dicen que no había manera de equivocarse.

La noticia caló profundo entre los mexicanos, pero también entre la opinión pública de los Estados Unidos, pues los LeBarón tienen la ciudadanía del país de las barras y las estrellas.

Nos dimos golpes de pecho, nos persignamos y aceptamos que un escuadrón del FBI ingresara hasta la zona donde ocurrió la agresión a balazos. Doblamos las manitas por aquello de la soberanía que tanto pregonamos.

Las críticas al gobierno mexicano provocaron hasta una polémica entre obradoristas y “opositores”.

Unos defendían al gobierno de la 4T, diciendo que todo esto es herencia de la ola violenta comenzada en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, el mismo que compró el mentado avión presidencial.

Los otros criticaban que la estrategia de abrazos no balazos, nomás no está dando resultados.

El caso sacudió el avispero, pero al paso de las semanas y los meses, parece que la historia se ha desvanecido y, mientras en Michoacán, uno grupo de personas es asesinado en un negocio de maquinitas, seguimos en las mismas.

Mientras todos seguimos sentados y con la mano en la cintura, quizá pensando que nunca nos tocará, la ola delictiva que habría dejado más de dos mil 300 muertos en las primeras semanas del nuevo año es un barril sin fondo…


NO, NO ES POQUITO

Por toda esta ola violenta, de la que Chiapas no está exento, por supuesto, es que tenemos que poner las barbas en remojo y aceptar lo que está a la vista, lo que hay.

Esta entidad, con todos sus problemas de pobreza y una amplia franja fronteriza, sigue estando entre las más seguras de la nación.

Apenas el lunes, el gobierno estatal reportó que Chiapas tuvo 48 horas de saldo blanco en homicidio doloso.

Parece un periodo pequeño, pero si lo contrastamos con lo que está ocurriendo en entidades como Guanajuato y Michoacán, vivimos en “la playa”.

Las críticas en las redes no se hacen esperar; sin embargo, los números son fríos y no mienten. Nos guste o no la forma en que actúa el gobierno, los resultados están a la vista y no es obra de la casualidad.

En la Mesa de Seguridad, una estrategia que el propio gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, ha pedido replicar en las regiones y municipios, se toman decisiones.

Por eso, debemos insistir, que en 48 horas haya ocurrido cero casos de otros delitos de alto impacto como robo a comercio, robo de vehículo, abigeato, feminicidio y secuestro, no, no es poquito…


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