/ miércoles 23 de mayo de 2018

De trenes y trienios descarrilados

Días atrás vi en imágenes de televisión un tren descarriladoque correspondía según el comentarista del noticiario a algoocurrido en el interior de un poblado de Veracruz, y hacíaalusión a las altas cifras de asaltos y robos a las empresasferroviarias en nuestro país. Lo que mis ojos vieron en esa imagenfue al país mismo, descarrilado, con toda su carga y sus pasajerosafectados e impedidos de proseguir su camino.

Esa es la situación por la que atravesamos. Esta es la horriblepesadilla a la cual cerramos los ojos y de la cual no hacemos nadapor despertar. Mientras los candidatos presidenciales y el resto dela caterva que conforman la clase política se desgarran lasvestiduras y no pueden siquiera dar sustento a sus“intenciones” de gobierno, a sus propuestas, con un discursopor lo menos medianamente bien estructurado que nos den ciertacerteza de que podrían ser los salvadores de la Patria –yasabemos que eso es poco menos que imposible-, la ciudadaníaestamos acorralados en nuestros pequeños quehaceres, en nuestrasinmensas tragedias diarias, domésticas, salvando una luchainterminable contra la inflación, la inseguridad, la violencia, laimpunidad, los pagos a los acreedores y a los servicios que nosatenazan y nos cercan como hienas feroces para esquilmarnos elmermado salario mínimo que nos corresponde. Y los que tienenmayores ingresos, y hasta exorbitantes, como es el caso de lospolíticos corruptos, también tienen sus propias batallas con susgastos multiplicados ad infinitum y ad náuseam, o encubiertos traslos cuerpos de seguridad privados contratados para no sersecuestrados por las bandas delincuenciales. Esta es la triste ydeplorable realidad en que vivimos. Aquel México tranquilo,seguro, apacible quedó atrás para siempre.

Que agradable y reconfortante sería, en vez de las vacuaspromesas de los políticos, de la no esperanza que nos ofrece estajornada electoral, la más reñida, pero la más deplorable encuanto a su oferta –inmersa en una guerra sucia y enmarañada enuna red interminable de escándalos de corrupción y de ofensaspersonales entre ellos mismos en vez de postular propuestas clarasde gobierno-, qué agradable sería, digo, escuchar la voz queclama, el clarín que invoca, de una propuesta de transformaciónradical, de revolución cultural que remueva los escombros en queestamos parados y que establezca los cimientos, los fundamentos, deuna nueva sociedad. No sólo aquí sino en la mayor parte de lospaíses que se encuentran ahogados en este modelo económico quedesde hace más de tres décadas nos asfixia. Consumismo, libremercado, más pobres cada vez para el provecho de cada vez menosricos pero estratosféricamente demasiados ricos –pero muy pocos-a costa de la depredación de la naturaleza, apostando aldesequilibrio ecológico, al ecocidio mismo, que nos conduce a unacatástrofe en que ya ni siquiera habrá lugar para el génerohumano en este planeta. Ese parece ser el destino con este tren devida, descarrilado. Pero otro camino es posible, deseable, y esesendero es el que nos gustaría que nos mostraran y guiaran através de él.

Los grandes momentos de la humanidad, de las civilizaciones, hantenido que ver con un despertar de la razón, del espíritu, delalma. Con un proyecto que se construye con la participación de losmás destacados pensadores y guías pero con la anuencia del restode la población. ¿Hacia allá vamos como civilización? ¿Seráposible? ¿O es que las versiones distópicas, apocalípticas, delfuturo ya lograron resignarnos a vivir cada vez mundos peores?

Habrá que ir construyendo, entretejiendo, una revolucióncultural, ir sustituyendo todo este sistema de referenciasfilosóficas,  religiosas, estéticas, éticas y políticas  enque estamos inmersos, por otro parcialmente nuevo, con lasmúltiples consecuencias que esto trae en el plan económico,político, social y en la vida familiar e íntima.

Esa es la convocatoria para cambiar nuestro sistema de vida,nuestro país. Y en ello le corresponde gran responsabilidad a laeducación y la cultura. Y por lo que he escuchado y leído de lapropuesta para la jornada electoral del 2018, de sus participantes,de los intelectuales mexicanos, nada de aquello se ha planteado.¿Habrá que esperar mucho todavía? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta quetodos los trenes se descarrilen definitivamente y haya queconstruir no sólo otra vía férrea que atraviese el istmo deTehuantepec de Salina Cruz a Coatzacoalcos, sino todos losnecesarios para conectar el país en su totalidad? Así sea.

entretejas1@hotmail.com

Días atrás vi en imágenes de televisión un tren descarriladoque correspondía según el comentarista del noticiario a algoocurrido en el interior de un poblado de Veracruz, y hacíaalusión a las altas cifras de asaltos y robos a las empresasferroviarias en nuestro país. Lo que mis ojos vieron en esa imagenfue al país mismo, descarrilado, con toda su carga y sus pasajerosafectados e impedidos de proseguir su camino.

Esa es la situación por la que atravesamos. Esta es la horriblepesadilla a la cual cerramos los ojos y de la cual no hacemos nadapor despertar. Mientras los candidatos presidenciales y el resto dela caterva que conforman la clase política se desgarran lasvestiduras y no pueden siquiera dar sustento a sus“intenciones” de gobierno, a sus propuestas, con un discursopor lo menos medianamente bien estructurado que nos den ciertacerteza de que podrían ser los salvadores de la Patria –yasabemos que eso es poco menos que imposible-, la ciudadaníaestamos acorralados en nuestros pequeños quehaceres, en nuestrasinmensas tragedias diarias, domésticas, salvando una luchainterminable contra la inflación, la inseguridad, la violencia, laimpunidad, los pagos a los acreedores y a los servicios que nosatenazan y nos cercan como hienas feroces para esquilmarnos elmermado salario mínimo que nos corresponde. Y los que tienenmayores ingresos, y hasta exorbitantes, como es el caso de lospolíticos corruptos, también tienen sus propias batallas con susgastos multiplicados ad infinitum y ad náuseam, o encubiertos traslos cuerpos de seguridad privados contratados para no sersecuestrados por las bandas delincuenciales. Esta es la triste ydeplorable realidad en que vivimos. Aquel México tranquilo,seguro, apacible quedó atrás para siempre.

Que agradable y reconfortante sería, en vez de las vacuaspromesas de los políticos, de la no esperanza que nos ofrece estajornada electoral, la más reñida, pero la más deplorable encuanto a su oferta –inmersa en una guerra sucia y enmarañada enuna red interminable de escándalos de corrupción y de ofensaspersonales entre ellos mismos en vez de postular propuestas clarasde gobierno-, qué agradable sería, digo, escuchar la voz queclama, el clarín que invoca, de una propuesta de transformaciónradical, de revolución cultural que remueva los escombros en queestamos parados y que establezca los cimientos, los fundamentos, deuna nueva sociedad. No sólo aquí sino en la mayor parte de lospaíses que se encuentran ahogados en este modelo económico quedesde hace más de tres décadas nos asfixia. Consumismo, libremercado, más pobres cada vez para el provecho de cada vez menosricos pero estratosféricamente demasiados ricos –pero muy pocos-a costa de la depredación de la naturaleza, apostando aldesequilibrio ecológico, al ecocidio mismo, que nos conduce a unacatástrofe en que ya ni siquiera habrá lugar para el génerohumano en este planeta. Ese parece ser el destino con este tren devida, descarrilado. Pero otro camino es posible, deseable, y esesendero es el que nos gustaría que nos mostraran y guiaran através de él.

Los grandes momentos de la humanidad, de las civilizaciones, hantenido que ver con un despertar de la razón, del espíritu, delalma. Con un proyecto que se construye con la participación de losmás destacados pensadores y guías pero con la anuencia del restode la población. ¿Hacia allá vamos como civilización? ¿Seráposible? ¿O es que las versiones distópicas, apocalípticas, delfuturo ya lograron resignarnos a vivir cada vez mundos peores?

Habrá que ir construyendo, entretejiendo, una revolucióncultural, ir sustituyendo todo este sistema de referenciasfilosóficas,  religiosas, estéticas, éticas y políticas  enque estamos inmersos, por otro parcialmente nuevo, con lasmúltiples consecuencias que esto trae en el plan económico,político, social y en la vida familiar e íntima.

Esa es la convocatoria para cambiar nuestro sistema de vida,nuestro país. Y en ello le corresponde gran responsabilidad a laeducación y la cultura. Y por lo que he escuchado y leído de lapropuesta para la jornada electoral del 2018, de sus participantes,de los intelectuales mexicanos, nada de aquello se ha planteado.¿Habrá que esperar mucho todavía? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta quetodos los trenes se descarrilen definitivamente y haya queconstruir no sólo otra vía férrea que atraviese el istmo deTehuantepec de Salina Cruz a Coatzacoalcos, sino todos losnecesarios para conectar el país en su totalidad? Así sea.

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