/ lunes 10 de junio de 2019

El arte engaña pero no se engaña

PIEDRA DE TOQUE

Para Enrique García Cuéllar

Regresemos de nuevo al maestro Tomás Carrasquilla, cuyas ideas a principios del siglo XX fueron luminosas, hoy lo siguen siendo: novelista fecundo y polemista esencial. Don Tomás pensaba que “Un artista no puede mentir porque el arte no es una ficción”. El arte es una ciencia “en forma sintética”. Tal formula, sostiene Jorge Alberto Naranjo, de un maestro le sirve para expresar ese carácter científico, ese rasgo de investigación de lo real que siempre trae a cuento don Tomás para atemperar las libertades de la imaginación en el arte”. (Trae un pie de página que dice: “Este punto de vista se remonta hasta Leonardo Da Vinci, quien juzgaba que la imaginación es a la realidad como la sombra al cuerpo, e insistía en el componente de investigación de las ciencias naturales como lo esencial para el pintor. Carrasquilla estudió a Leonardo, pero su referencia explícita aquí es a Zolá”.). Y continúa Naranjo comentando: “Es una formula del arte naturalista-realista: el naturalismo, dice Zolá es la aprehensión de la naturaleza al través de un temperamento. Un artista, dice don Tomás, es la naturaleza al través de un temperamento”. Y entiende que solamente saca una consecuencia al desplazar la definición del arte a la del artista de ese arte.

El arte “no es ficción”, es por el contrario una aproximación infinitesimal a lo real. El arte busca el engaño, sí; pero el artista no puede engañarse. Y el engaño del arte -ya lo veremos-es gracia bienhechora de las musas, don divino que embellece e impulsa más lejos la existencia. Y el que engaña mejor es “el que siente de veras” el que “habla por experiencia”; en la Homilía No. 2 expone Carrasquilla que: “lo que se quiere y busca en el arte es el engaño y nada más, que se nos haga sentir lo que no podemos por nuestra propia cuenta; que nos enseñen lo que no podemos comprender nosotros mismos. Lo que todos pedimos y buscamos en el arte es el ensueño de una alma que nos haga soñar a nuestra vez; los estremecimientos de un corazón que nos hagan estremecer; las profundidades de una conciencia que nos revelen la nuestra, que nos muestren la realidad y la vida”.

Algunas décadas después Borges, Rulfo y García Márquez, también Vargas Llosa sostuvieron que la literatura es engañar, crear otra realidad imaginada tan real que podemos creer en ella, incluso asumirla como nuestra. Tema intenso que ya hemos tratado y volveremos a tratar en otro momento.


LA FORMA DE EXPRESIÓN Y EL CONTENIDO EMOCIONAL

Con relación a “la cuestión de la forma” afirma Tomás Carrasquilla:

“El estilo (…) es el mismo escritor, es su alma. Esto es de sentido común y corre en refranes. Decir que alguien tiene buen o mal estilo es calificarlo. Lo que se le pide a un artista, lo que se entiende por tal, es su temperamento, su emoción, algo de su entidad síquica. Tal cual es realmente. ¿Dónde puede encontrarse o cifrarse esto? No será en las ideas, que son de muchos; no será en los sentimientos, que son de todos. Es en el modo, en el tono que se le dé; es decir, en la expresión, en la forma, en la palabra; porque la palabra es el verbo, le esencia del espíritu; y el timbre o acento de la palabra es la única revelación posible del sentimiento personal. Esto pasa no sólo en lo escrito, sino en toda locución hablada, ya sea real o artificial. En ello está el secreto de los actores y recitantes, de los oradores y cantantes, y hasta en los instrumentos mismos. En ello está el atractivo y la clave de las personas que sienten lo que dicen, sea verdad o mentira; en ello está la gracia de ciertos embusteros y chascarrilleros, en sentir ficciones propias y ajenas en la verdad de su mentira.

“¿A quién conmueven retahílas inconscientes, por hermosas que sean literariamente, por buena que sea la voz? Conmueve la verdad del sentimiento que una articulación les impone; conmueve un alma que se manifiesta. Todo esto es el estilo, es la forma”. (…) “Imitar formas es como imitar temperamentos”. “Un estilo es un alma vaciada en palabras o en letras”.

De suerte que el estilo no es un asunto técnico, para don Tomás, pues para el escritor antioqueño de los años 20 del sigo XX no debe separarse la estética de la ética. Comenta J. A. Naranjo: “en su concepción forma y contenido se fusionan bajo la presión de la forma y la resistencia del corazón a engañarse. Particularmente, las objeciones de don Tomás se orientaban hacia los “musicalistas de la forma”, los que propugnaban la búsqueda de la poesía en la pura sonoridad y cadencia de las palabras, no en su expresión sentimental, afectiva. En la segunda Homilía comentaba:

“no es la forma la que hace al poeta: es el poeta el que hace la forma (…) muchos que primero hacen la forma, ni más ni menos que una casa, y luego buscan por ahí que ajustarle adentro, si no es que la dejan vacía (…) A los poetas rimadores se les da de antemano el aire, cual se hace con los cantantes e instrumentistas. Bien pueden aquéllos, como éstos, ceñirse a la nota rigurosamente: bien pueden frasear y matizar y hacer quiebros y ondulaciones y efectos y cuanto quieran; pero, si no sienten todo aquello no pasará de tecnicismo y ejecución más o menos mecánica. El concepto dramático, o cómico, o lo que sea de la música misma, depende más de quién la interprete que del propio compositor. Si esto pasa en el arte de Wagner, ¿qué no pasaré en los ritmos y números de la palabra?



“Hermosos, sobremanera, son la armonía, el brillo, los cambiantes y las nitideces del verbo; y mucho más aún si las mismas combinaciones fonéticas se ajustan a la idea que las informa. Si alguna lengua tuviera la universalidad de la música yo diría (…) que esta facultad del poeta es la revelación estética más sorprendente. Expresar por sonidos un pensamiento, una formula, es poner en pica en el Flandes del arte: se me figura que todas las lenguas, cual más, cual menos, se prestan para estas filosofías del sonido. Es de oírle a un inglés Las Campanas, de Poe, a un francés El Herrero de Copée. Para los que hablan varias lenguas debe ser esto una maravilla. Tu divino arte bien merece el epíteto; pero por desgracia o por fortuna, no está en la sábana”.

A tales consideraciones del maestro Carrasquilla, comenta J.A. Naranjo, algo que compartimos:

“Es obvio que don Tomás arriesga. La idea de una pauta musical como adalid de la forma, el presentimiento y el soplo inspirador que llegan como una canción alada, fueron expuestos desde antiguo como rasgo notable del acto lírico. La poesía pedaleaba, iba sobre pies, compases, pautas. Schiller, Nietzsche, Mann, escribieron al respecto páginas inolvidables. El propio estudio de Poe, “Filosofía de la Composición”, expone con palabras claras y precisas el sentido y los alcances de esa idea. Alguna mención se hizo, por otra parte, de la admiración de don Tomás por Coppée. La objeción no pude dirigirse, pues, sino al predomino de ese formalismo musical, a la idea de un valor autónomo de la forma, separada del contenido emocional y -otra vez- de la sinceridad de la expresión”. Quien mejor ha tratado el asunto de la musicalidad, “El Ritmo” de la poesía es Octavio Paz en “El Arco y la lira”. Es necesario leer todo el libro con atención, es un verdadero compendio de Poética moderna.

Para Enrique García Cuéllar

Regresemos de nuevo al maestro Tomás Carrasquilla, cuyas ideas a principios del siglo XX fueron luminosas, hoy lo siguen siendo: novelista fecundo y polemista esencial. Don Tomás pensaba que “Un artista no puede mentir porque el arte no es una ficción”. El arte es una ciencia “en forma sintética”. Tal formula, sostiene Jorge Alberto Naranjo, de un maestro le sirve para expresar ese carácter científico, ese rasgo de investigación de lo real que siempre trae a cuento don Tomás para atemperar las libertades de la imaginación en el arte”. (Trae un pie de página que dice: “Este punto de vista se remonta hasta Leonardo Da Vinci, quien juzgaba que la imaginación es a la realidad como la sombra al cuerpo, e insistía en el componente de investigación de las ciencias naturales como lo esencial para el pintor. Carrasquilla estudió a Leonardo, pero su referencia explícita aquí es a Zolá”.). Y continúa Naranjo comentando: “Es una formula del arte naturalista-realista: el naturalismo, dice Zolá es la aprehensión de la naturaleza al través de un temperamento. Un artista, dice don Tomás, es la naturaleza al través de un temperamento”. Y entiende que solamente saca una consecuencia al desplazar la definición del arte a la del artista de ese arte.

El arte “no es ficción”, es por el contrario una aproximación infinitesimal a lo real. El arte busca el engaño, sí; pero el artista no puede engañarse. Y el engaño del arte -ya lo veremos-es gracia bienhechora de las musas, don divino que embellece e impulsa más lejos la existencia. Y el que engaña mejor es “el que siente de veras” el que “habla por experiencia”; en la Homilía No. 2 expone Carrasquilla que: “lo que se quiere y busca en el arte es el engaño y nada más, que se nos haga sentir lo que no podemos por nuestra propia cuenta; que nos enseñen lo que no podemos comprender nosotros mismos. Lo que todos pedimos y buscamos en el arte es el ensueño de una alma que nos haga soñar a nuestra vez; los estremecimientos de un corazón que nos hagan estremecer; las profundidades de una conciencia que nos revelen la nuestra, que nos muestren la realidad y la vida”.

Algunas décadas después Borges, Rulfo y García Márquez, también Vargas Llosa sostuvieron que la literatura es engañar, crear otra realidad imaginada tan real que podemos creer en ella, incluso asumirla como nuestra. Tema intenso que ya hemos tratado y volveremos a tratar en otro momento.


LA FORMA DE EXPRESIÓN Y EL CONTENIDO EMOCIONAL

Con relación a “la cuestión de la forma” afirma Tomás Carrasquilla:

“El estilo (…) es el mismo escritor, es su alma. Esto es de sentido común y corre en refranes. Decir que alguien tiene buen o mal estilo es calificarlo. Lo que se le pide a un artista, lo que se entiende por tal, es su temperamento, su emoción, algo de su entidad síquica. Tal cual es realmente. ¿Dónde puede encontrarse o cifrarse esto? No será en las ideas, que son de muchos; no será en los sentimientos, que son de todos. Es en el modo, en el tono que se le dé; es decir, en la expresión, en la forma, en la palabra; porque la palabra es el verbo, le esencia del espíritu; y el timbre o acento de la palabra es la única revelación posible del sentimiento personal. Esto pasa no sólo en lo escrito, sino en toda locución hablada, ya sea real o artificial. En ello está el secreto de los actores y recitantes, de los oradores y cantantes, y hasta en los instrumentos mismos. En ello está el atractivo y la clave de las personas que sienten lo que dicen, sea verdad o mentira; en ello está la gracia de ciertos embusteros y chascarrilleros, en sentir ficciones propias y ajenas en la verdad de su mentira.

“¿A quién conmueven retahílas inconscientes, por hermosas que sean literariamente, por buena que sea la voz? Conmueve la verdad del sentimiento que una articulación les impone; conmueve un alma que se manifiesta. Todo esto es el estilo, es la forma”. (…) “Imitar formas es como imitar temperamentos”. “Un estilo es un alma vaciada en palabras o en letras”.

De suerte que el estilo no es un asunto técnico, para don Tomás, pues para el escritor antioqueño de los años 20 del sigo XX no debe separarse la estética de la ética. Comenta J. A. Naranjo: “en su concepción forma y contenido se fusionan bajo la presión de la forma y la resistencia del corazón a engañarse. Particularmente, las objeciones de don Tomás se orientaban hacia los “musicalistas de la forma”, los que propugnaban la búsqueda de la poesía en la pura sonoridad y cadencia de las palabras, no en su expresión sentimental, afectiva. En la segunda Homilía comentaba:

“no es la forma la que hace al poeta: es el poeta el que hace la forma (…) muchos que primero hacen la forma, ni más ni menos que una casa, y luego buscan por ahí que ajustarle adentro, si no es que la dejan vacía (…) A los poetas rimadores se les da de antemano el aire, cual se hace con los cantantes e instrumentistas. Bien pueden aquéllos, como éstos, ceñirse a la nota rigurosamente: bien pueden frasear y matizar y hacer quiebros y ondulaciones y efectos y cuanto quieran; pero, si no sienten todo aquello no pasará de tecnicismo y ejecución más o menos mecánica. El concepto dramático, o cómico, o lo que sea de la música misma, depende más de quién la interprete que del propio compositor. Si esto pasa en el arte de Wagner, ¿qué no pasaré en los ritmos y números de la palabra?



“Hermosos, sobremanera, son la armonía, el brillo, los cambiantes y las nitideces del verbo; y mucho más aún si las mismas combinaciones fonéticas se ajustan a la idea que las informa. Si alguna lengua tuviera la universalidad de la música yo diría (…) que esta facultad del poeta es la revelación estética más sorprendente. Expresar por sonidos un pensamiento, una formula, es poner en pica en el Flandes del arte: se me figura que todas las lenguas, cual más, cual menos, se prestan para estas filosofías del sonido. Es de oírle a un inglés Las Campanas, de Poe, a un francés El Herrero de Copée. Para los que hablan varias lenguas debe ser esto una maravilla. Tu divino arte bien merece el epíteto; pero por desgracia o por fortuna, no está en la sábana”.

A tales consideraciones del maestro Carrasquilla, comenta J.A. Naranjo, algo que compartimos:

“Es obvio que don Tomás arriesga. La idea de una pauta musical como adalid de la forma, el presentimiento y el soplo inspirador que llegan como una canción alada, fueron expuestos desde antiguo como rasgo notable del acto lírico. La poesía pedaleaba, iba sobre pies, compases, pautas. Schiller, Nietzsche, Mann, escribieron al respecto páginas inolvidables. El propio estudio de Poe, “Filosofía de la Composición”, expone con palabras claras y precisas el sentido y los alcances de esa idea. Alguna mención se hizo, por otra parte, de la admiración de don Tomás por Coppée. La objeción no pude dirigirse, pues, sino al predomino de ese formalismo musical, a la idea de un valor autónomo de la forma, separada del contenido emocional y -otra vez- de la sinceridad de la expresión”. Quien mejor ha tratado el asunto de la musicalidad, “El Ritmo” de la poesía es Octavio Paz en “El Arco y la lira”. Es necesario leer todo el libro con atención, es un verdadero compendio de Poética moderna.

Policiaca

Habitantes de la colonia Azteca detienen a presunto ladrón

Un joven de aproximadamente 22 años de edad fue detenido la tarde de este viernes en el interior de una vivienda

Municipios

Por asesinato de taxista bloquean San Cristóbal

Jose Humberto N, taxista originario de la ciudad de San Cristóbal, lamentablemente fue localizado sin vida

Policiaca

Tragedia en la autopista Coita - Arriaga, muere un joven

En el incidente perdió la vida Roberto N, de 20 años de edad, quien iba a bordo de una motocicleta

Policiaca

Aseguran a sujeto por robo con violencia y lesiones en SCLC

El agresor fue trasladado a las instalaciones de la Fiscalía de Distrito Altos, junto con el arma blanca, en cadena de custodia

Policiaca

Habitantes de la colonia Azteca detienen a presunto ladrón

Un joven de aproximadamente 22 años de edad fue detenido la tarde de este viernes en el interior de una vivienda

Municipios

Por asesinato de taxista bloquean San Cristóbal

Jose Humberto N, taxista originario de la ciudad de San Cristóbal, lamentablemente fue localizado sin vida

Política

En debate | Biométricos para telefonía móvil

El registro del número de una línea telefónica móvil en el Padrón Nacional de Usuarios será obligatorio para el usuario con sus datos personales y biométricos

Aderezo

A cocinar canciones

Gabriela Ruiz lanzó Siempre Carmela, un proyecto que lleva la comida de sus restaurantes a domicilio y luego apostó por los lives en redes sociales.

Policiaca

Tragedia en la autopista Coita - Arriaga, muere un joven

En el incidente perdió la vida Roberto N, de 20 años de edad, quien iba a bordo de una motocicleta