/ lunes 24 de junio de 2019

La comicidad en la literatura medieval

PIEDRA DE TOQUE

Por supuesto que partimos de las consideraciones expuestas en mi Piedra de toque anterior: El Devenir literario de la risa. Desde el conjunto de los textos destacadoses posible, por medio de diversos investigadores, que la maestra Graciela Cándano concita, poner en el espacio literario moderno, varios asuntos que remiten a la risa desde la plácida y socarrona creación escritural.

Parte de lo qué dice el Moti-Index (investigación en la cual se ha establecido la tópica de los exempla de los españoles medievales). En lo concerniente al humor, se enumeran en el apartado X los siguientes motivos risibles, según Keller.

a) De desconcierto: Desnudez ridícula (Sendebar). Se plantea que para el hombre medievallo jocoso de este motivo no tenía nada de cómico pues se trata de un desnudo involuntario. Según María Jesús Lacarra se afirma que: “La desnudez es un motivo cómico en la medida en que las reglas sociales exigen que los humanos estén vestidos”.

b) En relación a las clases sociales. Mofa de algunos grupos sociales: “Nerón ha reservado un lugar en el infierno para los abogados”: Libro de los exenplos.

c) Acerca de comportamiento de profesionales: Bromas sobre monjas: Libro de los exenplos.

Lacarra sostiene que en Calila la risa surge, al igual que en Sendebar, del engaño y la sagacidad (“habilidad verbal”), “protagonizado con frecuencia por mujeres adulteras o corruptas alcahuetas”, consideración aunque cierta es muy general. “Lo cómico podría encontrarse, no sólo en la falsedad y agudeza en sí -por más que a veces seahilarante la forma del embuste- sino, por ejemplo, en el ridículo en qué queda un estúpido marido engañado”. Aclara nuestra investigadora que seguimos, con una cita de Cicerón: “más cómico por su cara que por sus chistes”.

Por otro lado se hablade un efecto cómico que potencia lo risible y es el caso del triunfo de un joven socialmente inferior “se refiere a la historia del criado del amante de una mujer casada que, habiendo yacido con ella, queda a salvo de las iras de su amo y del esposo de aquella ante la intempestiva aparición de ambos (cuento en dos textos, (cuento 5. Gladius, Sendebar).

Distintos investigadores tienen en cuenta varias variables generales, para el discernimiento de lo cómico en colecciones como de exempla o en los fabliaux; en Contes a rire du moyenâge (Cuentos de risas medievales) sobresalen tales como la discrepancia, el engaño, la agresión, la tontera o la inversión; o bien la suciedad, la torpeza, las astucias, los porrazos o los temas escabrosos.

La investigadora decide determinar motivos cómicos generales, invariables -y en lo posible universales-, ante lo cual considera “es una delicada cuestión que de ningún modo se prevé fácil de establecer; si la risa no puede enclaustrarse dentro de una definición absoluta, entonces los gérmenes de la risa: los motivos cómicos, deben ser tan esquivos los afanes explicativos como aquélla”. Por lo tanto decide repasar críticamente lo planteado por los teóricos clásicos de la risa y de lo cómico.

MIJAÍL BJTÍN

Cito en extenso algunasconsideraciones claves de la investigadora que seguimos en su parte IV.MIJAÍL BAJTÍN: LA CULTURA CÓMICA DE LA EDAD MEDIA:

“Muchos de nosotros conocemos aquel viejo cuento gracioso y descabellado cuyo protagonista es un rey que se pasea ridículamente desnudo y muy ufano ante su corte. Tan insólito situación ocurre porque unos estafadores lo han logrado convencer de que está ataviado con suntuosas prendes hechas de una tela prodigiosa que sólo pueden ver sus hijos que son los legítimos. El necio soberano, que obviamente se contempla desnudo en el espejo, simula verse vestido para no pasar por bastardo y, como consecuencia de ello, perder su trono. Este relato es uno de los 53exempla contenidos en el Conde de Lucanor. En esta amena colección hay ciertos exempla que también mueven a risa, por ejemplo, el que cuenta la historia de otro rey ingeniosamente timado por un pseudo alquimista, o el del violento loco que hace de las suyas en unos baños públicos”.

“La índole jocosa de estas narraciones –y de las ya estudiadas por Lacarra y Keller- me motiva, advierte Cándano, a plantearme las siguientes interrogantes, más específicas: la comicidad existente en estos textos medievales, ¿de qué género es?, ¿tiene alguna relación con la cultura cómica popular dela Edad Media?” Y por lo tanto se hace una pregunta nada gratuita de alcances mayores para los interesados en el asunto y sobre todo para los investigadores. Interroga: “El denominado realismo grotesco –derivado de aquella cultura-, ¿es adecuado cómo modelo, cómo marco teórico, para analizar o empezar a descorrer el velo de lo que genera risa en estos cuentos que nacieron en la península Ibérica hace ocho siglos?” La respuesta, plantea, debe buscarse en el “océano conceptual propuesto por Mijaíl Bajtín y, todavía antes… en la desbordante obra de Rabelais, paradigma del teórico y crítico ruso”.



Por la claridad, presición y respeto a las consideraciones de Graciela Cándano la cito ampliamente:

“De la mano de Erasmo de Rotterdam el humanismo genera, a principios del siglo XVI, una literatura filosófica y erudita que se esparce por Europa; dentro de ella se incluye, cimeramente la obra de Rabelais, monje benedictino francés y gran viajero, de ‘opiniones religiosas seguramente muy libres’ (Tieghem). Este autor, el más grande de la primera mitad del fecundo siglo XVI, propugnaba la instauración de una flamante sabiduría cuyos atributos fundamentales serían el amor a la vida, al hombre y, por consiguiente, a la razón, sólo posible mediante la armoniosa fusión de la cultura grecolatina con las nacientes ciencias naturales (no olvidemos que Rabelais también era médico), y aún con las culturas hebrea e islámica. Con base en estas premisas el humanista francés fustiga acremente tanto el fanatismo como la hipocresía y la vacuidad de la Edad Media en un estilo prosístico que derrocha fuerza, truculencia y creatividad (según Escarpit, la narración novelesca se desprende parcialmente de la poesía y se convierte en prosa literaria con Rabelais). Crítico satírico de las costumbres, goza del espectáculo de la vida desechando de sí la intolerancia; provocando en el lector, gracias a su vena cómica popular, una risa lúcida, colmada de matices renovadores y delirantes. (La investigadora cita a Erasmo para acicalar su planteamiento): “En 1509 ya decía Erasmo: ‘¿hay en la vida un solo día que no sea triste, monótono, insípido y molesto, si no se le pone el placer, es decir, la salsa de la locura?’”

Y continúa la maestra Cándano su brillantes consideraciones sobre la obra de Rabelais, de indispensable cita: “Bajo su imaginación exuberante y humor burlesco, con frecuencia impúdico, Rabelais se divierte en un alud de verdaderas orgías verbales al componer Gargantúa y Pangruel, que sin embargo encierra discusiones en torno a temas antropológicos, políticos, sociológicos y filosóficos, a veces expuestos por medio de las más serias de las elocuencias…Los veneros de donde se nutre Rabelais para crear su literatura son una compleja amalgama constituida, en primer lugar, por los rituales y las formas del lenguaje carnavalesco; también por las parodias y obras cómicas verbales que se desarrollaban ‘al amparo de las osadías legitimidades por el carnaval’ (Bajtín, 1974) y que eran escritas por doctos divertidos, ya sea en latín o en lengua vulgar, y, finalmente, por el lenguaje familiar de la plaza pública, conformando por los epítetos étnicos (blasones), las groserías -especialmente las sacrílegas-, los juramentos, los pregones y los gritos de los charlatanes y vendedores ambulantes”. (Continuará).

Por supuesto que partimos de las consideraciones expuestas en mi Piedra de toque anterior: El Devenir literario de la risa. Desde el conjunto de los textos destacadoses posible, por medio de diversos investigadores, que la maestra Graciela Cándano concita, poner en el espacio literario moderno, varios asuntos que remiten a la risa desde la plácida y socarrona creación escritural.

Parte de lo qué dice el Moti-Index (investigación en la cual se ha establecido la tópica de los exempla de los españoles medievales). En lo concerniente al humor, se enumeran en el apartado X los siguientes motivos risibles, según Keller.

a) De desconcierto: Desnudez ridícula (Sendebar). Se plantea que para el hombre medievallo jocoso de este motivo no tenía nada de cómico pues se trata de un desnudo involuntario. Según María Jesús Lacarra se afirma que: “La desnudez es un motivo cómico en la medida en que las reglas sociales exigen que los humanos estén vestidos”.

b) En relación a las clases sociales. Mofa de algunos grupos sociales: “Nerón ha reservado un lugar en el infierno para los abogados”: Libro de los exenplos.

c) Acerca de comportamiento de profesionales: Bromas sobre monjas: Libro de los exenplos.

Lacarra sostiene que en Calila la risa surge, al igual que en Sendebar, del engaño y la sagacidad (“habilidad verbal”), “protagonizado con frecuencia por mujeres adulteras o corruptas alcahuetas”, consideración aunque cierta es muy general. “Lo cómico podría encontrarse, no sólo en la falsedad y agudeza en sí -por más que a veces seahilarante la forma del embuste- sino, por ejemplo, en el ridículo en qué queda un estúpido marido engañado”. Aclara nuestra investigadora que seguimos, con una cita de Cicerón: “más cómico por su cara que por sus chistes”.

Por otro lado se hablade un efecto cómico que potencia lo risible y es el caso del triunfo de un joven socialmente inferior “se refiere a la historia del criado del amante de una mujer casada que, habiendo yacido con ella, queda a salvo de las iras de su amo y del esposo de aquella ante la intempestiva aparición de ambos (cuento en dos textos, (cuento 5. Gladius, Sendebar).

Distintos investigadores tienen en cuenta varias variables generales, para el discernimiento de lo cómico en colecciones como de exempla o en los fabliaux; en Contes a rire du moyenâge (Cuentos de risas medievales) sobresalen tales como la discrepancia, el engaño, la agresión, la tontera o la inversión; o bien la suciedad, la torpeza, las astucias, los porrazos o los temas escabrosos.

La investigadora decide determinar motivos cómicos generales, invariables -y en lo posible universales-, ante lo cual considera “es una delicada cuestión que de ningún modo se prevé fácil de establecer; si la risa no puede enclaustrarse dentro de una definición absoluta, entonces los gérmenes de la risa: los motivos cómicos, deben ser tan esquivos los afanes explicativos como aquélla”. Por lo tanto decide repasar críticamente lo planteado por los teóricos clásicos de la risa y de lo cómico.

MIJAÍL BJTÍN

Cito en extenso algunasconsideraciones claves de la investigadora que seguimos en su parte IV.MIJAÍL BAJTÍN: LA CULTURA CÓMICA DE LA EDAD MEDIA:

“Muchos de nosotros conocemos aquel viejo cuento gracioso y descabellado cuyo protagonista es un rey que se pasea ridículamente desnudo y muy ufano ante su corte. Tan insólito situación ocurre porque unos estafadores lo han logrado convencer de que está ataviado con suntuosas prendes hechas de una tela prodigiosa que sólo pueden ver sus hijos que son los legítimos. El necio soberano, que obviamente se contempla desnudo en el espejo, simula verse vestido para no pasar por bastardo y, como consecuencia de ello, perder su trono. Este relato es uno de los 53exempla contenidos en el Conde de Lucanor. En esta amena colección hay ciertos exempla que también mueven a risa, por ejemplo, el que cuenta la historia de otro rey ingeniosamente timado por un pseudo alquimista, o el del violento loco que hace de las suyas en unos baños públicos”.

“La índole jocosa de estas narraciones –y de las ya estudiadas por Lacarra y Keller- me motiva, advierte Cándano, a plantearme las siguientes interrogantes, más específicas: la comicidad existente en estos textos medievales, ¿de qué género es?, ¿tiene alguna relación con la cultura cómica popular dela Edad Media?” Y por lo tanto se hace una pregunta nada gratuita de alcances mayores para los interesados en el asunto y sobre todo para los investigadores. Interroga: “El denominado realismo grotesco –derivado de aquella cultura-, ¿es adecuado cómo modelo, cómo marco teórico, para analizar o empezar a descorrer el velo de lo que genera risa en estos cuentos que nacieron en la península Ibérica hace ocho siglos?” La respuesta, plantea, debe buscarse en el “océano conceptual propuesto por Mijaíl Bajtín y, todavía antes… en la desbordante obra de Rabelais, paradigma del teórico y crítico ruso”.



Por la claridad, presición y respeto a las consideraciones de Graciela Cándano la cito ampliamente:

“De la mano de Erasmo de Rotterdam el humanismo genera, a principios del siglo XVI, una literatura filosófica y erudita que se esparce por Europa; dentro de ella se incluye, cimeramente la obra de Rabelais, monje benedictino francés y gran viajero, de ‘opiniones religiosas seguramente muy libres’ (Tieghem). Este autor, el más grande de la primera mitad del fecundo siglo XVI, propugnaba la instauración de una flamante sabiduría cuyos atributos fundamentales serían el amor a la vida, al hombre y, por consiguiente, a la razón, sólo posible mediante la armoniosa fusión de la cultura grecolatina con las nacientes ciencias naturales (no olvidemos que Rabelais también era médico), y aún con las culturas hebrea e islámica. Con base en estas premisas el humanista francés fustiga acremente tanto el fanatismo como la hipocresía y la vacuidad de la Edad Media en un estilo prosístico que derrocha fuerza, truculencia y creatividad (según Escarpit, la narración novelesca se desprende parcialmente de la poesía y se convierte en prosa literaria con Rabelais). Crítico satírico de las costumbres, goza del espectáculo de la vida desechando de sí la intolerancia; provocando en el lector, gracias a su vena cómica popular, una risa lúcida, colmada de matices renovadores y delirantes. (La investigadora cita a Erasmo para acicalar su planteamiento): “En 1509 ya decía Erasmo: ‘¿hay en la vida un solo día que no sea triste, monótono, insípido y molesto, si no se le pone el placer, es decir, la salsa de la locura?’”

Y continúa la maestra Cándano su brillantes consideraciones sobre la obra de Rabelais, de indispensable cita: “Bajo su imaginación exuberante y humor burlesco, con frecuencia impúdico, Rabelais se divierte en un alud de verdaderas orgías verbales al componer Gargantúa y Pangruel, que sin embargo encierra discusiones en torno a temas antropológicos, políticos, sociológicos y filosóficos, a veces expuestos por medio de las más serias de las elocuencias…Los veneros de donde se nutre Rabelais para crear su literatura son una compleja amalgama constituida, en primer lugar, por los rituales y las formas del lenguaje carnavalesco; también por las parodias y obras cómicas verbales que se desarrollaban ‘al amparo de las osadías legitimidades por el carnaval’ (Bajtín, 1974) y que eran escritas por doctos divertidos, ya sea en latín o en lengua vulgar, y, finalmente, por el lenguaje familiar de la plaza pública, conformando por los epítetos étnicos (blasones), las groserías -especialmente las sacrílegas-, los juramentos, los pregones y los gritos de los charlatanes y vendedores ambulantes”. (Continuará).

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