/ viernes 14 de agosto de 2020

Charles Bukowski... ¿Misógino?

No son pocos los que tildan al autor norteamericano de machista o misógino

¿Misógino?

Hay en mí algo descontrolado, pienso demasiado en el sexo. Cuando veo a una mujer la imagino siempre en la cama conmigo. Es una manera interesante de matar el tiempo en los aeropuertos.

Charles Bukowski

Se busca una mujer (1973)

Que haya un hombre que desviste y fornica mujeres con la mirada da mucho de qué hablar cuando los feminismos luchan incansablemente contra la violencia machista. Por eso, en los últimos años, existe una tendencia de revisitar los libros de Charles Bukowski desde una perspectiva de género.

No son pocos los que tildan al autor norteamericano de machista o misógino. En diciembre pasado, el cantautor español Coque Malla subió a su Instagram una fotografía del escritor acompañada de la siguiente frase: “Charles Bukowski: grosero, anárquico, borracho, mujeriego e inmoral. Todo un hombre”.

Miles de mujeres incendiaron la publicación con comentarios: “Interesante descripción de la masculinidad, mucho para reflexionar”; “Para mí, ver el video de la patada de Bukowski a su novia fue muy revelador y, desde entonces, mi interés por su obra ha decaído profundamente. No me interesa. Es más, me asquea”.

Entonces los blogs feministas y los medios lanzaron la bomba con cuestionamiento severos: ¿Reivindicar a Bukowski es machista?, ¿Es posible ser feminista y fan de Bukowski?

“Nunca pensé en Bukowski como un escritor misógino hasta estos días en los que todo pasa por la lupa del feminismo, a veces de forma exacerbada. Siempre lo vi como uno más de sus personajes”, asegura en entrevista Paola Tinoco, promotora literaria y excoordinadora de Anagrama, el sello que publica al autor estadounidense en español en todo el mundo.

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La también editora dice que la literatura bukowskiana ya no le parece tan transgresora como antes. Sostiene que, con el paso del tiempo, ha descubierto a autores más infractores, pero admite que ninguno de ellos tiene la elegancia que sí tenía él para contar algo tan mundano como una pelea de borrachos.

Lluïsa Matarrodona, coordinadora de Anagrama en México., afirma que es muy seguro que Bukowski haya sido un hombre misógino y machista, aunque aclara que hay dos formas de leer a autores controvertidos como él: desde el presente y con una perspectiva crítica o simplemente como una obra que es producto de su tiempo.

"Nunca había leído a Bukowski desde una perspectiva crítica. Lo leí por recomendación y porque siempre tuvo ese halo de figura de culto. Es un hecho que sus personajes son alcohólicos, violentos y abusadores. Personas terribles, sin duda, pero no por ello vamos a dejar de escribir o leer sobre ellos. Hay que acercarse a esta clase de escritores con una gran apertura de mente, pero también con un pensamiento crítico”, observa Matarrodona.

Anagrama debe mucho a Charles Bukowski. Su presidente y fundador, Jorge Herralde, ha dicho en varias ocasiones que la clave del éxito de esta empresa editorial es el descubrimiento inesperado de escritores desconocidos. A Bukowski lo hallaron en San Francisco.

Corría el verano de 1976. Herralde, como siempre, andaba en busca de escritores dispuestos a transgredirlo todo. Para cumplir su objetivo, se le ocurrió ir a una pequeña librería y editorial llamada City Lights Bookstore, la cual se caracterizaba por publicar a autores verdaderamente subterráneos, como Allen Ginsberg, el gran emblema de la Generación Beat.

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Herralde estaba seguro de que saldría de allí reclutando a alguien. Ese alguien fue Charles Bukowski. Los títulos de sus obras le parecieron fenomenales. Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones” y Escritos de un viejo indecente. Luego se enteró que era un ermitaño y bebedor empedernido que sólo publicaba en revistas underground de la ciudad. No lo pensó dos veces y contrató los derechos para traducirlo al español.

“Bukowski conectó rápidamente con un cierto tipo de lector joven de espíritu, inconformista, que consideró al viejo indecente como un cómplice instantáneo por su brutal franqueza, su radical rechazo a las hipocresías sociales, su anarquismo desesperado y su retorcido sentido del humor. Y aunque muchos escritores quisieron copiarlo, los críticos no advirtieron que tras la aparente sencillez de sus textos se escondía una meticulosa elaboración”, recuerda Jorge Herralde en un artículo que publicó en el diario chileno La Época, en 1994.

Herralde sólo vio una vez a Bukowski. Sucedió en 1979, en Los Ángeles. El editor visitó al autor en su casa del barrio de San Pedro. Para su sorpresa, lo encontró delgado, próspero y aseado. Todo lo contrario a las fotografías que había visto de él. Bukowski ya había dejado la cerveza y el licor; ahora sólo bebía vino blanco del Rhin. Sus libros ya comenzaban a generar regalías importantes. Herralde lo invitó a España, pero él se negó: odiaba los aviones y no tenía buenos recuerdos de Europa. La única vez que estuvo allí se la pasó borracho y tenía muchas lagunas mentales.

A 100 años de su nacimiento, es difícil pensar en otro autor como él, con una narrativa que tiene casi denominación de origen. Neil Baldwin se atrevió a dar una receta para hacer un Charles Bukowski de pies a cabeza: “Tomar una porción de Hemingway, añadir una dosis de humor (del que Hemingway extrañamente carece, mientras que Bukowski es un virtuoso), mezclar con un puñado de hojas de afeitar y varios litros de vino barato, luego una o dos gotas de ironía, agitar bien y leerlo al final de la noche: así tendrá el auténtico sabor Bukowski”.

¿Misógino?

Hay en mí algo descontrolado, pienso demasiado en el sexo. Cuando veo a una mujer la imagino siempre en la cama conmigo. Es una manera interesante de matar el tiempo en los aeropuertos.

Charles Bukowski

Se busca una mujer (1973)

Que haya un hombre que desviste y fornica mujeres con la mirada da mucho de qué hablar cuando los feminismos luchan incansablemente contra la violencia machista. Por eso, en los últimos años, existe una tendencia de revisitar los libros de Charles Bukowski desde una perspectiva de género.

No son pocos los que tildan al autor norteamericano de machista o misógino. En diciembre pasado, el cantautor español Coque Malla subió a su Instagram una fotografía del escritor acompañada de la siguiente frase: “Charles Bukowski: grosero, anárquico, borracho, mujeriego e inmoral. Todo un hombre”.

Miles de mujeres incendiaron la publicación con comentarios: “Interesante descripción de la masculinidad, mucho para reflexionar”; “Para mí, ver el video de la patada de Bukowski a su novia fue muy revelador y, desde entonces, mi interés por su obra ha decaído profundamente. No me interesa. Es más, me asquea”.

Entonces los blogs feministas y los medios lanzaron la bomba con cuestionamiento severos: ¿Reivindicar a Bukowski es machista?, ¿Es posible ser feminista y fan de Bukowski?

“Nunca pensé en Bukowski como un escritor misógino hasta estos días en los que todo pasa por la lupa del feminismo, a veces de forma exacerbada. Siempre lo vi como uno más de sus personajes”, asegura en entrevista Paola Tinoco, promotora literaria y excoordinadora de Anagrama, el sello que publica al autor estadounidense en español en todo el mundo.

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La también editora dice que la literatura bukowskiana ya no le parece tan transgresora como antes. Sostiene que, con el paso del tiempo, ha descubierto a autores más infractores, pero admite que ninguno de ellos tiene la elegancia que sí tenía él para contar algo tan mundano como una pelea de borrachos.

Lluïsa Matarrodona, coordinadora de Anagrama en México., afirma que es muy seguro que Bukowski haya sido un hombre misógino y machista, aunque aclara que hay dos formas de leer a autores controvertidos como él: desde el presente y con una perspectiva crítica o simplemente como una obra que es producto de su tiempo.

"Nunca había leído a Bukowski desde una perspectiva crítica. Lo leí por recomendación y porque siempre tuvo ese halo de figura de culto. Es un hecho que sus personajes son alcohólicos, violentos y abusadores. Personas terribles, sin duda, pero no por ello vamos a dejar de escribir o leer sobre ellos. Hay que acercarse a esta clase de escritores con una gran apertura de mente, pero también con un pensamiento crítico”, observa Matarrodona.

Anagrama debe mucho a Charles Bukowski. Su presidente y fundador, Jorge Herralde, ha dicho en varias ocasiones que la clave del éxito de esta empresa editorial es el descubrimiento inesperado de escritores desconocidos. A Bukowski lo hallaron en San Francisco.

Corría el verano de 1976. Herralde, como siempre, andaba en busca de escritores dispuestos a transgredirlo todo. Para cumplir su objetivo, se le ocurrió ir a una pequeña librería y editorial llamada City Lights Bookstore, la cual se caracterizaba por publicar a autores verdaderamente subterráneos, como Allen Ginsberg, el gran emblema de la Generación Beat.

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Herralde estaba seguro de que saldría de allí reclutando a alguien. Ese alguien fue Charles Bukowski. Los títulos de sus obras le parecieron fenomenales. Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones” y Escritos de un viejo indecente. Luego se enteró que era un ermitaño y bebedor empedernido que sólo publicaba en revistas underground de la ciudad. No lo pensó dos veces y contrató los derechos para traducirlo al español.

“Bukowski conectó rápidamente con un cierto tipo de lector joven de espíritu, inconformista, que consideró al viejo indecente como un cómplice instantáneo por su brutal franqueza, su radical rechazo a las hipocresías sociales, su anarquismo desesperado y su retorcido sentido del humor. Y aunque muchos escritores quisieron copiarlo, los críticos no advirtieron que tras la aparente sencillez de sus textos se escondía una meticulosa elaboración”, recuerda Jorge Herralde en un artículo que publicó en el diario chileno La Época, en 1994.

Herralde sólo vio una vez a Bukowski. Sucedió en 1979, en Los Ángeles. El editor visitó al autor en su casa del barrio de San Pedro. Para su sorpresa, lo encontró delgado, próspero y aseado. Todo lo contrario a las fotografías que había visto de él. Bukowski ya había dejado la cerveza y el licor; ahora sólo bebía vino blanco del Rhin. Sus libros ya comenzaban a generar regalías importantes. Herralde lo invitó a España, pero él se negó: odiaba los aviones y no tenía buenos recuerdos de Europa. La única vez que estuvo allí se la pasó borracho y tenía muchas lagunas mentales.

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