/ viernes 14 de junio de 2019

Chicleritos, niños que trabajan hasta 10 horas diarias

Muchos de estos menores llegan de municipios indígenas, esperando mejorar su vida, junto con la de su papá

Juan “N” dice tener ocho años y ser originario de San Juan Chamula, por lo que habla tzotzil; todos los días sale de su casa alrededor de las seis de la mañana con una caja de madera en donde lleva dulces y cigarros por todas las calles de Tuxtla, para trabajar como “chiclerito”; regresa a la vecindad en la noche.

Señala que él, al igual que sus hermanos y padres, labora para mejorar la economía familiar. Su mamá vende en el mercado, sus dos hermanos son “chicleritos” y su papá comercia raspados; esa es la familia de Juan, quienes decidieron dejar su paraje en San Juan Chamula para mejorar su calidad de vida en la capital chiapaneca.

A pesar de que niega tener que vender una cuota diaria, Juan acepta que tiene que “buscarle”, pues dice que necesita ahorrar para comprar la batería de su teléfono celular (Samsung), pero no lo puede usar, “por eso debo buscar donde hay gentes para vender mis dulces”.

Cuenta que generalmente sale con su familia y sus tres primos a vender alrededor de las seis o siete de la mañana, medio desayunados; al mediodía, previo acuerdo, se reúne con su familia para comer; después continúa su jornada; en la noche se vuelven a reunir y se va al cuarto, no precisa bien la hora, pero dice que ya es de noche.

En tanto hablaba, se acerca alguien, es un niño mayor que él, oscila entre los 12-14 años, le dice una frase en su idioma e inmediatamente Juan se levanta, alcanza a despedirse y se va, ofreciendo cigarros y chicles.



LA MIGRACIÓN INDÍGENA INFANTIL

La mayoría de estos niños indígenas que se dedican a “trabajar” como “chicleritos” y “boleritos”, provienen de los municipios de Chamula, Zinacantán y Chenalhó; desde muy temprana edad se dan a la tarea de cargar una caja de madera, que bien “surtidita” llega a pesar alrededor de 12 kilos.

Se pueden ver a todas horas del día, incluso se quedan dormidos en la madrugada; durante varias horas, se instalan afuera de las plazas, parques o algunos cruceros; esta es la imagen en muchas ciudades de Chiapas, vendiendo, viviendo.

La venta de dulces y cigarros, a través de los menores nativos es una práctica común en Chiapas que no está regulada por las autoridades; no existen cifras reales de cuantos pequeños se dedican a esta labor, pues siempre migran de una ciudad a otra, o permanecen años en un solo lugar.

Las cifras de los infantes que trabajan han disminuido, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2012 tenía números de 191 mil que hacían alguna actividad económica; mientras que, en 2017, el mismo Inegi reveló que 32 mil menores de edad habían dejado el trabajo infantil.

En un comunicado, la Secretaría de Economía y del Trabajo de Chiapas, señaló que, en cumplimiento a los objetivos y metas trazadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), mediante la ratificación de los Tratados Internacionales por parte del gobierno mexicano, Chiapas impulsará políticas públicas que privilegien la educación y erradiquen la labor infantil, el cual cancela las posibilidades de progreso y el derecho a un mejor futuro.

Por medio de la Dirección de Trabajo y Previsión Social, –comunica- ha emitido exhortos a las diferentes cámaras y organizaciones empresariales del estado a fin de que cumplan con la normatividad vigente y, mediante sus afiliados, promuevan la cultura de la prevención y erradicación de este flagelo en los centros laborales.



TRABAJO INFANTIL NO PERMITIDO

La OIT a propósito del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, exhortó a la comunidad internacional a combatir el trabajo infantil peligroso y a proteger a quienes estén por debajo de la edad permitida para laborar.

En México la legislación nacional a través de la Ley Federal del Trabajo define como trabajo no permitido aquella actividad hecha por menores de 15 años de edad (edad mínima requerida para laborar); y las ocupaciones clasificadas como peligrosas o insalubres, ya sea por las condiciones físicas, químicas o biológicas del medio en que se presta, por la composición de la materia prima que se utiliza, o bien, por efectuarse en horario prolongado o nocturno que representan situaciones de riesgo y pueden afectar el desarrollo y la salud física y mental de los pequeños.

Lo anterior permite establecer que no toda actividad laboral de niños y adolescentes se considera trabajo no permitido; sin embargo, en el Módulo de Trabajo Infantil 2017, se estima que 2.1 millones de niños están ocupados en trabajo no permitido; de ellos 38.7 por ciento no cumplen con la edad mínima para laborar y 61.3 por ciento efectúa labores peligrosas.

En la entidad se destaca el esfuerzo y colaboración conjunta de los sectores empresarial, académico y gubernamental, con el objetivo de cumplir con la normatividad vigente en materia de trabajo infantil, logrando éxito en la aplicación de las estrategias de prevención, detección y erradicación.

Con ello, se fortalece la protección de aquellos adolescentes que ejecutan tareas laborales en edad permitida de 15 años en adelante, como lo establece la Ley Federal del Trabajo.


En cumplimiento a los objetivos y metas trazadas por la OIT, Chiapas promoverá políticas públicas que privilegien la educación y erradiquen el trabajo infantil, el cual cancela las posibilidades de progreso y el derecho a un mejor futuro

Juan “N” dice tener ocho años y ser originario de San Juan Chamula, por lo que habla tzotzil; todos los días sale de su casa alrededor de las seis de la mañana con una caja de madera en donde lleva dulces y cigarros por todas las calles de Tuxtla, para trabajar como “chiclerito”; regresa a la vecindad en la noche.

Señala que él, al igual que sus hermanos y padres, labora para mejorar la economía familiar. Su mamá vende en el mercado, sus dos hermanos son “chicleritos” y su papá comercia raspados; esa es la familia de Juan, quienes decidieron dejar su paraje en San Juan Chamula para mejorar su calidad de vida en la capital chiapaneca.

A pesar de que niega tener que vender una cuota diaria, Juan acepta que tiene que “buscarle”, pues dice que necesita ahorrar para comprar la batería de su teléfono celular (Samsung), pero no lo puede usar, “por eso debo buscar donde hay gentes para vender mis dulces”.

Cuenta que generalmente sale con su familia y sus tres primos a vender alrededor de las seis o siete de la mañana, medio desayunados; al mediodía, previo acuerdo, se reúne con su familia para comer; después continúa su jornada; en la noche se vuelven a reunir y se va al cuarto, no precisa bien la hora, pero dice que ya es de noche.

En tanto hablaba, se acerca alguien, es un niño mayor que él, oscila entre los 12-14 años, le dice una frase en su idioma e inmediatamente Juan se levanta, alcanza a despedirse y se va, ofreciendo cigarros y chicles.



LA MIGRACIÓN INDÍGENA INFANTIL

La mayoría de estos niños indígenas que se dedican a “trabajar” como “chicleritos” y “boleritos”, provienen de los municipios de Chamula, Zinacantán y Chenalhó; desde muy temprana edad se dan a la tarea de cargar una caja de madera, que bien “surtidita” llega a pesar alrededor de 12 kilos.

Se pueden ver a todas horas del día, incluso se quedan dormidos en la madrugada; durante varias horas, se instalan afuera de las plazas, parques o algunos cruceros; esta es la imagen en muchas ciudades de Chiapas, vendiendo, viviendo.

La venta de dulces y cigarros, a través de los menores nativos es una práctica común en Chiapas que no está regulada por las autoridades; no existen cifras reales de cuantos pequeños se dedican a esta labor, pues siempre migran de una ciudad a otra, o permanecen años en un solo lugar.

Las cifras de los infantes que trabajan han disminuido, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2012 tenía números de 191 mil que hacían alguna actividad económica; mientras que, en 2017, el mismo Inegi reveló que 32 mil menores de edad habían dejado el trabajo infantil.

En un comunicado, la Secretaría de Economía y del Trabajo de Chiapas, señaló que, en cumplimiento a los objetivos y metas trazadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), mediante la ratificación de los Tratados Internacionales por parte del gobierno mexicano, Chiapas impulsará políticas públicas que privilegien la educación y erradiquen la labor infantil, el cual cancela las posibilidades de progreso y el derecho a un mejor futuro.

Por medio de la Dirección de Trabajo y Previsión Social, –comunica- ha emitido exhortos a las diferentes cámaras y organizaciones empresariales del estado a fin de que cumplan con la normatividad vigente y, mediante sus afiliados, promuevan la cultura de la prevención y erradicación de este flagelo en los centros laborales.



TRABAJO INFANTIL NO PERMITIDO

La OIT a propósito del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, exhortó a la comunidad internacional a combatir el trabajo infantil peligroso y a proteger a quienes estén por debajo de la edad permitida para laborar.

En México la legislación nacional a través de la Ley Federal del Trabajo define como trabajo no permitido aquella actividad hecha por menores de 15 años de edad (edad mínima requerida para laborar); y las ocupaciones clasificadas como peligrosas o insalubres, ya sea por las condiciones físicas, químicas o biológicas del medio en que se presta, por la composición de la materia prima que se utiliza, o bien, por efectuarse en horario prolongado o nocturno que representan situaciones de riesgo y pueden afectar el desarrollo y la salud física y mental de los pequeños.

Lo anterior permite establecer que no toda actividad laboral de niños y adolescentes se considera trabajo no permitido; sin embargo, en el Módulo de Trabajo Infantil 2017, se estima que 2.1 millones de niños están ocupados en trabajo no permitido; de ellos 38.7 por ciento no cumplen con la edad mínima para laborar y 61.3 por ciento efectúa labores peligrosas.

En la entidad se destaca el esfuerzo y colaboración conjunta de los sectores empresarial, académico y gubernamental, con el objetivo de cumplir con la normatividad vigente en materia de trabajo infantil, logrando éxito en la aplicación de las estrategias de prevención, detección y erradicación.

Con ello, se fortalece la protección de aquellos adolescentes que ejecutan tareas laborales en edad permitida de 15 años en adelante, como lo establece la Ley Federal del Trabajo.


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