/ lunes 1 de abril de 2019

Embovedados ponen en riesgo a tuxtlecos; tienen 40 años

No se les ha dado mantenimiento; zonas más vulnerables, entre la 5ª Norte y la 11ª Sur

De acuerdo al Sistema Municipal de Protección Civil, la ciudad cuenta con cuatro embovedados prioritarios, los cuales desembocan en el río Sabinal, sin embargo, desde hace más de 40 años no han sido rehabilitados, lo que podría denotar un riesgo para las zonas en donde están ubicados.

Las zonas de mayor preocupación se encuentran entre la 5ª Norte y la 11ª Sur, justo donde pasa el embovedado del arroyo San Roque que, a decir de Hugo Adrián de la Cruz Vázquez, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Chiapas, éste se encuentra corrido debido a que no se le ha dado el mantenimiento necesario. Los cuatro embovedados en Tuxtla Gutiérrez son:

“El Cocal”, que inicia en la 16ª Poniente norte, esquina con Boulevard Belisario Domínguez, y termina en la 16ª Poniente sur y río Sabinal, tiene una longitud de 461 metros con un ancho mínimo de 1.19 metros y con una altura 1.25 metros.

Embovedado “San Pascualito”, mide 914 metros lineales, atraviesa todo el barrio San Pascualito y termina en la 5ª Poniente norte y andador río Sabinal.

Embovedado “El Zope”, mide mil 708.15 metros, inicia en el río Sabinal y 5ª Oriente norte, atraviesa gran parte del Centro de Tuxtla Gutiérrez, pasa justo debajo de la Catedral, de casas y del Mercado Juan Sabines; termina en la 9ª Sur entre 2ª y 3ª Oriente, un ancho mínimo de 2.45 metros y máximo de cuatro metros con una altura mínima de 1.65 metros y máxima de 2.70 metros.

El último de éstos, inicia en el andador río Sabinal, ubicado en la 3ª Norte oriente esquina 8ª Oriente, mide mil 363.86 metros y finaliza hasta la 9ª Sur, de ancho mide tres metros, mínimo y máximo 5 metros, de alto 2.20 mínimo y 4 metros máximo.



Sin embargo, éstos no han sido revisados a profundidad, lo que implica un riesgo latente puesto que llevan más de 40 años de su creación; el Colegio de Ingenieros de Chiapas en conjunto con investigadores de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), desde el 2018 realizan un estudio pertinente de estas estructuras, aún se espera que den a conocer los resultados.

La rehabilitación de estos embovedados es casi imposible de efectuar, requiere de una inversión millonaria, un recurso que difícilmente el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez quiera destinar, además que sobre éstos existen cientos de casas, escuelas, mercados públicos, los cuales deberán ser retirados para remodelar.

Es de señalar que la Ley Nacional de Aguas establece que cada afluente debe tener un margen y éste debe respetarse, es prioritario que los escurrimientos naturales permanezcan libres para que las avenidas de agua provocadas por aguaceros torrenciales tengan libre paso; no obstante, debido al crecimiento urbano de la capital, estos afluentes fueron embovedados y los escurrimientos naturales están invadidos por casas habitacionales.

En temporada de lluvias, aparecen más de 30 escurrimientos naturales en la capital chiapaneca, éstos han ocasionado afectaciones en colonias, avenidas y calles; así también existen 21 afluentes que son monitoreados constantemente.

Es de importancia prioritaria que exista un seguimiento y análisis de la situación, tratar de evitar lo ocurrido el 3 de septiembre del 2016, cuándo una lluvia atípica ocasionó el colapso de una bóveda en el barrio San Francisco, lo cual trajo como consecuencia un daño total a varias viviendas, calles y avenidas.

De acuerdo al Sistema Municipal de Protección Civil, la ciudad cuenta con cuatro embovedados prioritarios, los cuales desembocan en el río Sabinal, sin embargo, desde hace más de 40 años no han sido rehabilitados, lo que podría denotar un riesgo para las zonas en donde están ubicados.

Las zonas de mayor preocupación se encuentran entre la 5ª Norte y la 11ª Sur, justo donde pasa el embovedado del arroyo San Roque que, a decir de Hugo Adrián de la Cruz Vázquez, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Chiapas, éste se encuentra corrido debido a que no se le ha dado el mantenimiento necesario. Los cuatro embovedados en Tuxtla Gutiérrez son:

“El Cocal”, que inicia en la 16ª Poniente norte, esquina con Boulevard Belisario Domínguez, y termina en la 16ª Poniente sur y río Sabinal, tiene una longitud de 461 metros con un ancho mínimo de 1.19 metros y con una altura 1.25 metros.

Embovedado “San Pascualito”, mide 914 metros lineales, atraviesa todo el barrio San Pascualito y termina en la 5ª Poniente norte y andador río Sabinal.

Embovedado “El Zope”, mide mil 708.15 metros, inicia en el río Sabinal y 5ª Oriente norte, atraviesa gran parte del Centro de Tuxtla Gutiérrez, pasa justo debajo de la Catedral, de casas y del Mercado Juan Sabines; termina en la 9ª Sur entre 2ª y 3ª Oriente, un ancho mínimo de 2.45 metros y máximo de cuatro metros con una altura mínima de 1.65 metros y máxima de 2.70 metros.

El último de éstos, inicia en el andador río Sabinal, ubicado en la 3ª Norte oriente esquina 8ª Oriente, mide mil 363.86 metros y finaliza hasta la 9ª Sur, de ancho mide tres metros, mínimo y máximo 5 metros, de alto 2.20 mínimo y 4 metros máximo.



Sin embargo, éstos no han sido revisados a profundidad, lo que implica un riesgo latente puesto que llevan más de 40 años de su creación; el Colegio de Ingenieros de Chiapas en conjunto con investigadores de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), desde el 2018 realizan un estudio pertinente de estas estructuras, aún se espera que den a conocer los resultados.

La rehabilitación de estos embovedados es casi imposible de efectuar, requiere de una inversión millonaria, un recurso que difícilmente el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez quiera destinar, además que sobre éstos existen cientos de casas, escuelas, mercados públicos, los cuales deberán ser retirados para remodelar.

Es de señalar que la Ley Nacional de Aguas establece que cada afluente debe tener un margen y éste debe respetarse, es prioritario que los escurrimientos naturales permanezcan libres para que las avenidas de agua provocadas por aguaceros torrenciales tengan libre paso; no obstante, debido al crecimiento urbano de la capital, estos afluentes fueron embovedados y los escurrimientos naturales están invadidos por casas habitacionales.

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