/ domingo 30 de diciembre de 2018

La mala suerte de los vendedores de suerte

En Tuxtla algunas personas no tienen ni para comprar artículos para atraer salud, dinero y amor en 2019; los negocios del giro de productos esotéricos pagan los platos rotos

Embolsaban hasta 700 pesos por cliente, trabajaban en horario especial y palpaban la buena vibra del Año Nuevo por adelantado. Hoy están semiolvidados, les consumen a cuentagotas y hasta los proveedores de bienes de temporada les quedan mal. Son los comerciantes de artículos esotéricos del centro de la capital, quienes paradójicamente también piden suerte en el último día de 2018.

José Castellanos, encargado de un establecimiento de ese giro ubicado en el Mercado Público Municipal “Juan Sabines”, dice que aunque los rituales para atraer la prosperidad en Año Nuevo aún subsisten, las ventas de los insumos para esas prácticas “sí han disminuido un poco”.

Veladoras, lociones, jabones, polvos y “protecciones” es la mercancía más demandada, relata mientras muestra la gama de artículos para procurar fortuna, salud, dinero, amor, protección y bonanza en los negocios que ofrece, casi todos de manufactura foránea.

La mayor parte de la gente busca salud, dinero y amor. “Si no tenemos salud no podemos trabajar. Si no podemos trabajar no hay dinero ni para el amor”, afirma.



Informa que al menudeo el precio de esos productos fluctúa entre 75 y 90 pesos. Los más caros son los paquetes que llegan a cotizarse hasta en 700 pesos, como aquél que incluye “baños” que quitan las impurezas, perfumes que mantienen la “protección” todo el día y “polvos” para alejar las malas vibras.

“Las ventas han estado últimamente bajas”, asegura al tiempo de atribuir la situación a la proliferación de supermercados y centros comerciales en la ciudad. Y eso no es todo: hasta el proveedor de amuletos de temporada quedó mal, lamenta el locatario.


*****


Gabriela González, una empleada de un expendio de lencería, concuerda con el primer entrevistado: las compras de bienes que “garantizan” que la suerte sonría a la gente durante todo el año están de capa caída. Contextualiza su respuesta:

La tradición de usar ropa interior roja y amarrilla para “asegurar” amor y dinero, respectivamente, todavía está viva, “pero igual ya no es como los tiempos de antes cuando se vendían más prendas”.

Reporta que quienes más siguen esa práctica son las mujeres. Por ende, las piezas más solicitadas son bikinis, bóxer y cacheteros, particularmente en color rojo. Cuando los hombres adquieren ropa interior con alguno de esos colores en los últimos días el año, aclara, casi siempre es para regalar.

La ropa interior más barata en colores rojo y amarillo cuesta de 35 a 55 pesos. Las prendas más onerosas rondan los 160 pesos. El valor está condicionado por la marca, admite mientras espera la entrada de algún cliente en un día en el que su establecimiento sólo abre en esta temporada: el domingo.

Sin embargo, en esta ocasión las ventas cayeron 50 por ciento no sólo en esas piezas sino en toda la ropa interior. Atribuyó el hecho a la falta de circulante y al mayor escepticismo hacia ese ritual.

Antes los exhibidores quedaban vacíos. Incluso la orden era poner más exhibidores, “pero ahora sólo hay uno y está quedando (…) la venta no ha estado como en otros años”, comenta.


*****


Tampoco lo natural llama la atención. A pesar de ser protagonista de uno de los ritos de Año Nuevo más populares, la compra de uva tampoco levanta. Hasta la semana pasada en la Central de Abasto de Tuxtla Gutiérrez la cotización promedio del kilógramo de la uva globo fue de 60 pesos, 20 por ciento más respecto al importe medio que imperó en ese sitio entre el 17 y el 21 de diciembre pasados; aunque 22 por ciento menor en contraste al monto vigente en la última semana de noviembre.



A estas alturas de 2017, el precio promedio del kilo de ese comestible en ese sitio -fruta de temporada junto con la mandarina y la pera- era de 62.50 pesos, de acuerdo con el Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados (SNIIM).

Así llegan al último día de 2018 estos “vendedores de suerte”, quienes también piden para 2019 lo que ofrecen a la gente: suerte.

Embolsaban hasta 700 pesos por cliente, trabajaban en horario especial y palpaban la buena vibra del Año Nuevo por adelantado. Hoy están semiolvidados, les consumen a cuentagotas y hasta los proveedores de bienes de temporada les quedan mal. Son los comerciantes de artículos esotéricos del centro de la capital, quienes paradójicamente también piden suerte en el último día de 2018.

José Castellanos, encargado de un establecimiento de ese giro ubicado en el Mercado Público Municipal “Juan Sabines”, dice que aunque los rituales para atraer la prosperidad en Año Nuevo aún subsisten, las ventas de los insumos para esas prácticas “sí han disminuido un poco”.

Veladoras, lociones, jabones, polvos y “protecciones” es la mercancía más demandada, relata mientras muestra la gama de artículos para procurar fortuna, salud, dinero, amor, protección y bonanza en los negocios que ofrece, casi todos de manufactura foránea.

La mayor parte de la gente busca salud, dinero y amor. “Si no tenemos salud no podemos trabajar. Si no podemos trabajar no hay dinero ni para el amor”, afirma.



Informa que al menudeo el precio de esos productos fluctúa entre 75 y 90 pesos. Los más caros son los paquetes que llegan a cotizarse hasta en 700 pesos, como aquél que incluye “baños” que quitan las impurezas, perfumes que mantienen la “protección” todo el día y “polvos” para alejar las malas vibras.

“Las ventas han estado últimamente bajas”, asegura al tiempo de atribuir la situación a la proliferación de supermercados y centros comerciales en la ciudad. Y eso no es todo: hasta el proveedor de amuletos de temporada quedó mal, lamenta el locatario.


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Gabriela González, una empleada de un expendio de lencería, concuerda con el primer entrevistado: las compras de bienes que “garantizan” que la suerte sonría a la gente durante todo el año están de capa caída. Contextualiza su respuesta:

La tradición de usar ropa interior roja y amarrilla para “asegurar” amor y dinero, respectivamente, todavía está viva, “pero igual ya no es como los tiempos de antes cuando se vendían más prendas”.

Reporta que quienes más siguen esa práctica son las mujeres. Por ende, las piezas más solicitadas son bikinis, bóxer y cacheteros, particularmente en color rojo. Cuando los hombres adquieren ropa interior con alguno de esos colores en los últimos días el año, aclara, casi siempre es para regalar.

La ropa interior más barata en colores rojo y amarillo cuesta de 35 a 55 pesos. Las prendas más onerosas rondan los 160 pesos. El valor está condicionado por la marca, admite mientras espera la entrada de algún cliente en un día en el que su establecimiento sólo abre en esta temporada: el domingo.

Sin embargo, en esta ocasión las ventas cayeron 50 por ciento no sólo en esas piezas sino en toda la ropa interior. Atribuyó el hecho a la falta de circulante y al mayor escepticismo hacia ese ritual.

Antes los exhibidores quedaban vacíos. Incluso la orden era poner más exhibidores, “pero ahora sólo hay uno y está quedando (…) la venta no ha estado como en otros años”, comenta.


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Tampoco lo natural llama la atención. A pesar de ser protagonista de uno de los ritos de Año Nuevo más populares, la compra de uva tampoco levanta. Hasta la semana pasada en la Central de Abasto de Tuxtla Gutiérrez la cotización promedio del kilógramo de la uva globo fue de 60 pesos, 20 por ciento más respecto al importe medio que imperó en ese sitio entre el 17 y el 21 de diciembre pasados; aunque 22 por ciento menor en contraste al monto vigente en la última semana de noviembre.



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