/ viernes 27 de septiembre de 2019

El éxito no ha sido fácil para Leticia Méndez, habla sobre discriminación que ha vivido

Mujer indígena de Tenejapa

Leticia Méndez Intzin, mujer indígena tseltal de Tenejapa, ha experimentado discriminación para alcanzar el éxito, y afirmó que la violencia política de género en las comunidades nativas es tres veces más que en las zonas urbanas.

Enfatizó que en muchos pueblos originarios de Chiapas, fémina que destaca se convierte en víctima de injusticia y desprecio, mientras que los partidos políticos en muchos casos actúan a espaldas de ellas, agravando la exclusión y la negación de derechos.

Méndez Intzin es una mujer preparada, cuyo currículo resalta el haber sido becada por la Organización de las Naciones Unidas para asistir, hace seis años, a Ginebra Suiza a un taller de capacitación relacionado son programas para damas nativas.

Además, es locutora al iniciar en la XERA en San Cristóbal de Las Casas; escribe antología, guion radiofónico en tseltal traducido al español con temas de salud, cultura, ecología, educación y derechos humanos, para concientizar a la población sobre sus derechos y coadyuvar con las comunidades originarias en el ejercicio de sus derechos.



Le ha tocado romper barreras tradicionalistas en su comunidad y patriarcal para triunfar, recuerda cuando salió por primera vez su voz al aire en la radio y de inmediato comenzaron los reclamos: “¿qué estás haciendo ahí?”, “quédate a barrer o trapear en tu casa”.

Lamentó que fueron de sus paisanos, de muchos radioescuchas, que le generó mucho coraje, con ello iniciaba la confrontación en su contra, que –aclaró- encontró respuesta de su parte, “ocupa mi lugar, pero gánatelo”, desde donde entendió que triunfar cuesta.

Sostuvo que ahí, como los comentarios discriminatorios y misóginos, inició su lucha por el éxito, para llegar a la cabina de la radio tenía que despertarse a las tres de la madrugada, pues sus transmisiones empezaban a las 4:00, lo que no le era fácil; aunque los rechazos le hacían fuerte y le cargaban de energía e ilusiones.

Recordó que forjó un espacio de confianza con las mujeres de manera paulatina y con muchos pueblos originarios comenzó la familiaridad –tseltales y tsotsiles–, donde empezaron a identificarlos, a descubrir y a compartir sus violencias y realidades.

Con la seguridad del éxito y la experiencia, la llegaron a buscar a la cabina de la radio para hacerle entrega de la beca que su profesionalismo había ganado a pulso, ni por su mente pasaba el viajar al extranjero; sin embargo, su entrega y dedicación al micrófono le hizo merecedora de un reconocimiento que le sirvió para su preparación académica.

Recientemente, estuvo en el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana, donde participó en un observatorio sobre derechos de las féminas, y en donde dejó claro –al lado de consejeras, abogados y mujeres defensoras–, que, en los pueblos originarios, considerados por algunos como minoritarios, también se ejerce la discriminación.

Compartió con agrado el aprecio que recibió de la comunidad Chixaltontic, municipio de Tenejapa, donde había acompañado a damas que caminaban dos o tres horas para conseguir tinacos y llevar agua a su casa, con el fin de abastecerse en mejores condiciones.

“Aprendimos a tocar puercas, constatamos el rechazo a los indígenas que buscan atención, pero también comprobamos que la lucha tiene resultados; los primeros frutos nos llevaron a convocar a las mujeres para organizarnos y trabajar juntas por el bien común.

”No sabíamos de liderazgos, más bien sí de la suma de fuerzas y de voluntades, me ofrecieron en las elecciones intermedias del 2003 ser regidora por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), lo que rechacé porque no era mi prioridad, no estaba en mis planes; me propusieron ser directora de Educación de Educación Municipal de Tenejapa, y a los 28 días del cargo comenzamos a amueblar escuelas de preescolar para las comunidades”.



Al ver los resultados, la nombraron parte del Comité Directivo Municipal del PRD en Tenejapa, “pero tomaban decisiones detrás de mí, me llamaban cuando querían que yo fuera maestra de ceremonia; por ello suspendí esas actividades y posteriormente me convocaron a formar parte del Revolucionario Institucional, al que pertenezco y el que me postuló como candidata a síndica en el 2018”.

Leticia Méndez aseveró que es de gran urgencia fortalecer la participación de las damas, en particular en los pueblos originarios porque sufren el triple que otros lugares, “para las mujeres indígenas es más el sufrimiento”.

Un ejemplo de la discriminación hacia los pueblos oriundos es que a pesar de existir 12 grupos lingüísticos, 40 diputados locales y una población oriunda de un millón 300 mil personas, en el Congreso del estado solo hay un diputado que se autoadscribe indígena, Mario Sántiz Gómez, de Chamula.

“No vemos diputados locales originarios, lo más grave es que hay quienes usurpan el cargo; dicen que son indígenas y no lo son, no tenemos senadores ni diputados oriundos; no hay representación, no atienden las necesidades de los pueblos nativos”.

Su llamado es que los partidos políticos deben fortalecer la capacitación para las féminas, que incluyan a los pueblos originarios a la toma de decisiones, se necesitan aplicar leyes, que cuando se hable de los indígenas sea para hablar bien, no actuar a espaldas, ni en su contra; hace falta hacer justicia a este sector que, a pesar de discursos de inclusión, sigue en exclusión.

Leticia Méndez Intzin, mujer indígena tseltal de Tenejapa, ha experimentado discriminación para alcanzar el éxito, y afirmó que la violencia política de género en las comunidades nativas es tres veces más que en las zonas urbanas.

Enfatizó que en muchos pueblos originarios de Chiapas, fémina que destaca se convierte en víctima de injusticia y desprecio, mientras que los partidos políticos en muchos casos actúan a espaldas de ellas, agravando la exclusión y la negación de derechos.

Méndez Intzin es una mujer preparada, cuyo currículo resalta el haber sido becada por la Organización de las Naciones Unidas para asistir, hace seis años, a Ginebra Suiza a un taller de capacitación relacionado son programas para damas nativas.

Además, es locutora al iniciar en la XERA en San Cristóbal de Las Casas; escribe antología, guion radiofónico en tseltal traducido al español con temas de salud, cultura, ecología, educación y derechos humanos, para concientizar a la población sobre sus derechos y coadyuvar con las comunidades originarias en el ejercicio de sus derechos.



Le ha tocado romper barreras tradicionalistas en su comunidad y patriarcal para triunfar, recuerda cuando salió por primera vez su voz al aire en la radio y de inmediato comenzaron los reclamos: “¿qué estás haciendo ahí?”, “quédate a barrer o trapear en tu casa”.

Lamentó que fueron de sus paisanos, de muchos radioescuchas, que le generó mucho coraje, con ello iniciaba la confrontación en su contra, que –aclaró- encontró respuesta de su parte, “ocupa mi lugar, pero gánatelo”, desde donde entendió que triunfar cuesta.

Sostuvo que ahí, como los comentarios discriminatorios y misóginos, inició su lucha por el éxito, para llegar a la cabina de la radio tenía que despertarse a las tres de la madrugada, pues sus transmisiones empezaban a las 4:00, lo que no le era fácil; aunque los rechazos le hacían fuerte y le cargaban de energía e ilusiones.

Recordó que forjó un espacio de confianza con las mujeres de manera paulatina y con muchos pueblos originarios comenzó la familiaridad –tseltales y tsotsiles–, donde empezaron a identificarlos, a descubrir y a compartir sus violencias y realidades.

Con la seguridad del éxito y la experiencia, la llegaron a buscar a la cabina de la radio para hacerle entrega de la beca que su profesionalismo había ganado a pulso, ni por su mente pasaba el viajar al extranjero; sin embargo, su entrega y dedicación al micrófono le hizo merecedora de un reconocimiento que le sirvió para su preparación académica.

Recientemente, estuvo en el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana, donde participó en un observatorio sobre derechos de las féminas, y en donde dejó claro –al lado de consejeras, abogados y mujeres defensoras–, que, en los pueblos originarios, considerados por algunos como minoritarios, también se ejerce la discriminación.

Compartió con agrado el aprecio que recibió de la comunidad Chixaltontic, municipio de Tenejapa, donde había acompañado a damas que caminaban dos o tres horas para conseguir tinacos y llevar agua a su casa, con el fin de abastecerse en mejores condiciones.

“Aprendimos a tocar puercas, constatamos el rechazo a los indígenas que buscan atención, pero también comprobamos que la lucha tiene resultados; los primeros frutos nos llevaron a convocar a las mujeres para organizarnos y trabajar juntas por el bien común.

”No sabíamos de liderazgos, más bien sí de la suma de fuerzas y de voluntades, me ofrecieron en las elecciones intermedias del 2003 ser regidora por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), lo que rechacé porque no era mi prioridad, no estaba en mis planes; me propusieron ser directora de Educación de Educación Municipal de Tenejapa, y a los 28 días del cargo comenzamos a amueblar escuelas de preescolar para las comunidades”.



Al ver los resultados, la nombraron parte del Comité Directivo Municipal del PRD en Tenejapa, “pero tomaban decisiones detrás de mí, me llamaban cuando querían que yo fuera maestra de ceremonia; por ello suspendí esas actividades y posteriormente me convocaron a formar parte del Revolucionario Institucional, al que pertenezco y el que me postuló como candidata a síndica en el 2018”.

Leticia Méndez aseveró que es de gran urgencia fortalecer la participación de las damas, en particular en los pueblos originarios porque sufren el triple que otros lugares, “para las mujeres indígenas es más el sufrimiento”.

Un ejemplo de la discriminación hacia los pueblos oriundos es que a pesar de existir 12 grupos lingüísticos, 40 diputados locales y una población oriunda de un millón 300 mil personas, en el Congreso del estado solo hay un diputado que se autoadscribe indígena, Mario Sántiz Gómez, de Chamula.

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