/ lunes 14 de octubre de 2019

Se nace con un don para ser partera

Mujer indígena tzeltal llamada a dar vida.


Amatenango del Valle es una pequeña ciudad perteneciente a la región Altos, su nombre quiere decir fortificación de los amates, su lengua materna es tzeltal, ahí vive Caridad Méndez Hernández, una mujer de 38 años de edad, partera empírica y médica tradicional, lleva 21 años dando vida, un don que ha puesto en práctica desde los doce años de edad.

Se siente bendecida por Dios para ayudar a muchas mujeres a dar a luz, afirma que la partera no se hace, nace con un don muy especial.

Narró en entrevista que siendo niña de tan solo doce años de edad sintió un llamado muy especial, una fuerza espiritual la invadía, un don que lo enviaba a cumplir una misión, a salvar vidas, a ayudar a las mujeres a cuidar su embarazo, a llevar un control, a evitar riesgos y a dar a luz.

Te puede interesar: Chiapas ocupa el segundo lugar en muertes maternas.

Cuenta que comenzó a ocuparse de las jovencitas de su pueblo natal para conocer su embarazo, saber si el bebé se encontraba bien, si había riesgos o habría que evitarlos, al principio no creían en ella por su edad, sin embargo, su aprendizaje, su sapiencia generó confianza y fe en sus dones y carismas.

Así, cuenta que veía a una y otra mujer embarazada, su agenda de trabajo aumentaba, crecía en edad, en estatura y en sabiduría sobre el control del embarazo, la gente se apoderó de su confianza y su fama empezó a crecer, Amatenango del Valle tenía una partera joven, las mayores la ayudaron a perfeccionar sus técnicas y al uso de herramientas.

No lleva un registro de mujeres embarazadas que ha atendido, afirma que son muchos, su trabajo comienza desde el primero o segundo mes del embarazo, presume que no ha habido fallecimientos en sus manos.



Sostiene que de los gobiernos federal, estatal o municipal no reciben ninguna ayuda, seguramente que muchas parteras han recibido estetoscopio, manómetro y otros instrumentos, pero en su caso nada.

Caridad Méndez Hernández no solo atiende a mujeres de Amatenango del Valle, también de otros municipios, incluso de municipios retirados del suyo.

Muchos pacientes llegan a su domicilio, donde ha establecido un consultorio, ahí pueden permanecer varios días, incluso dar a luz ahí, un servicio que no cobra, más bien recibe lo que ella le llama ofrendas.

Apenas el pasado viernes 11 de octubre recibió un apoyo económico de la secretaría de Cultura a través de la dirección general de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, del programa “Salvaguarda de la partería tradicional tzeltal en Amatenango del Valle. Afirma que nunca antes había tenido atención de los gobiernos, ni de la secretaría de Salud.


Amatenango del Valle es una pequeña ciudad perteneciente a la región Altos, su nombre quiere decir fortificación de los amates, su lengua materna es tzeltal, ahí vive Caridad Méndez Hernández, una mujer de 38 años de edad, partera empírica y médica tradicional, lleva 21 años dando vida, un don que ha puesto en práctica desde los doce años de edad.

Se siente bendecida por Dios para ayudar a muchas mujeres a dar a luz, afirma que la partera no se hace, nace con un don muy especial.

Narró en entrevista que siendo niña de tan solo doce años de edad sintió un llamado muy especial, una fuerza espiritual la invadía, un don que lo enviaba a cumplir una misión, a salvar vidas, a ayudar a las mujeres a cuidar su embarazo, a llevar un control, a evitar riesgos y a dar a luz.

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Cuenta que comenzó a ocuparse de las jovencitas de su pueblo natal para conocer su embarazo, saber si el bebé se encontraba bien, si había riesgos o habría que evitarlos, al principio no creían en ella por su edad, sin embargo, su aprendizaje, su sapiencia generó confianza y fe en sus dones y carismas.

Así, cuenta que veía a una y otra mujer embarazada, su agenda de trabajo aumentaba, crecía en edad, en estatura y en sabiduría sobre el control del embarazo, la gente se apoderó de su confianza y su fama empezó a crecer, Amatenango del Valle tenía una partera joven, las mayores la ayudaron a perfeccionar sus técnicas y al uso de herramientas.

No lleva un registro de mujeres embarazadas que ha atendido, afirma que son muchos, su trabajo comienza desde el primero o segundo mes del embarazo, presume que no ha habido fallecimientos en sus manos.



Sostiene que de los gobiernos federal, estatal o municipal no reciben ninguna ayuda, seguramente que muchas parteras han recibido estetoscopio, manómetro y otros instrumentos, pero en su caso nada.

Caridad Méndez Hernández no solo atiende a mujeres de Amatenango del Valle, también de otros municipios, incluso de municipios retirados del suyo.

Muchos pacientes llegan a su domicilio, donde ha establecido un consultorio, ahí pueden permanecer varios días, incluso dar a luz ahí, un servicio que no cobra, más bien recibe lo que ella le llama ofrendas.

Apenas el pasado viernes 11 de octubre recibió un apoyo económico de la secretaría de Cultura a través de la dirección general de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, del programa “Salvaguarda de la partería tradicional tzeltal en Amatenango del Valle. Afirma que nunca antes había tenido atención de los gobiernos, ni de la secretaría de Salud.

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