/ viernes 14 de junio de 2019

Peluqueros tradicionales y su paulatina desaparición

Son muy pocos los barberos y peluqueros que mantienen sus costumbres, por lo que algunos se ven obligados a evolucionar, mientras que otros desaparecen

―Son pocos los que quedan, yo vengo buscando desde hace meses a un peluquero tradicional y casi los de la zona Centro ya han cerrado sus negocios o han muerto y hasta ahorita encuentro a uno en la Bienestar Social―, comentó Rodrigo, un nuevo cliente de la peluquería “El Buen Amigo”.

Don Bisael tiene su peluquería sobre la avenida 15 de Mayo y esquina con la calle 20 de Noviembre, y desde muy temprano abre su negocio, no sin antes barrer con una escoba de palma, limpiar las sillas y ordenar sus peines y tijeras.

Frisa los 75 años y le ha dedicado más de 50 años a este “noble trabajo”, sin embargo, actualmente ha decidido laborar sólo en el turno de la mañana, debido al cansancio y el estar de pie tanto tiempo; por ello, por las tardes ya no abre el changarro, tiempo que lo destina a Dios, indicó con una sonrisa.

―Cuando uno es joven tiene que trabajar duro, ya de grande la situación cambia y es el de disfrutar la vida y relajarte, “quien siembra y cría, tanto gana de noche como de día” ―acotó don Bisael.

Para este peluquero, la situación actual es muy diferente pues abundan las Barber Shop, Estilistas y Estéticas, entre otras actividades relacionadas a su oficio.



―En mi tiempo, no existían tantos comercios de este corte, a lo mucho unas cuatro por colonia en la ciudad capital, pero ahorita han surgido muchas; pero eso no está mal, cada quien se gana la vida como puede­; recuerdo que en la Bienestar Social había una peluquería llamada “El Fénix”, pero desapareció―.

De pronto, la entrevista es interrumpida, al lugar entra un joven, no mayor a los 18 años, viste pantalón mezclilla, una playera blanca y una gorra que oculta disimuladamente su cabellera.

Don Bisael se levanta de la silla de madera y camina hacia la pared, se acerca al perchero y descuelga su filipina pastel, camina a la salida del local y comienza a abotonársela, de abajo hacia arriba.

Posteriormente, se dirige hacia su cliente y le coloca la capa de peluquería para comenzar a llevar a cabo el corte.

Su vista no le ha fallado ni mucho menos la destreza para manejar las máquinas de cero y doble cero, tijeras, peine y la navaja, aunque la audición ya no es tan buena como en los años mozos.

― Cuando era joven me fui a Pajaritos, Veracruz en busca de trabajo, pero tropecé con el vicio del alcohol, intentaba trabajar pero la adicción fue más fuerte, así que decidí regresar a Chiapas y en Tuxtla conocí a una buena persona, quien sin egoísmos me ayudó a superarme; me involucró a este gran oficio de cortar cabello y también el afeitar, incluso aún conservó un libro que me regaló en mi juventud, se llama “Estética del Cabello para Hombres y Mujeres” del autor André Gissler y básicamente de ahí tomé los principios de un buen peluquero.



Con ese conocimiento comencé a trabajar a domicilio, aunque era muy cansado y desgastante, así que puse una modesta peluquería.

Rememora que, cuando abrió su establecimiento en la Bienestar Social, se encontraba apenas en funciones la VII Región Militar y los castrenses acudían diariamente a la peluquería; por lo que, Don Bisael les dio labor a sus familiares y esto ayudó a que el trabajo incrementara y generara ganancias.

Sin embargo, conforme avanzó el tiempo, la Bienestar Social comenzó a crecer y con ello diversos oficios, al grado de que, Don Bisael terminó quedándose solo, pues ya la clientela era menos y al batallón militar fue trasladado a Los Sabinos.


LA MODERNIDAD TOCA A MI PUERTA

A pesar de que los horarios para atender a sus clientes han sido modificados debido al cansancio que lo apesadumbra, trata de brindarles el mejor servicio.

―Aún llegan a este negocio personas adultas y también jovencitos, siempre busco darles el mejor trato y un buen precio; en mi caso el costo de una cortada de cabello es de 38 pesos, pero si buscas en los negocios juveniles o modernos los precios son muy elevados, hasta los 90 pesos aproximadamente.

Pero créeme que el precio que te estoy dando no era el que manejaba hace 20 años, en aquel entonces, un corte de cabello estaba a un peso y si era complicado te lo dejaba hasta dos pesos, las cosas actualmente han cambiado.

Afortunadamente, las modas van y vienen y los cortes de cabello en hombres no cambian mucho, siguen siendo casi los mismos, hay años en donde los jóvenes usan el cabello largo, en otros hasta las orejas, en fin, no es nada distinto―.

Sin embargo, los años parecen no haber cambiado en la peluquería “El Buen Amigo”, pues aún se respira nostalgia, tan sólo observar los cuadros en blanco y negro en donde describen un corte de cabello, la silla inglesa vintage con la cinta de cuero para afilar, el cúmulo de revistas apiladas sobre una mesa y colocada en la esquina, hasta las tonalidades en las paredes.

―Veo en algunas peluquerías o barberías al personal hacer sus funciones de manera informal, mi consejo sería que, empleen mayor profesionalismo; los clientes se dan cuenta de todos esos detalles, cuando una persona entra, lo primero que hace es observar el espacio y después mirarte de los pies a la cabeza. Por eso siempre deben vestir bien y utilizar filipinas para evitar que los cabellos no se atoren en tus prendas.

Eso le he inculcado a mi hija y mi nieto, quienes están comenzando a abrirse camino en este maravilloso oficio que es la peluquería, no quedarse con los conocimientos que tienen sino actualizarse, asistir a talleres, todo eso al final ayuda―, finalizó.

―Son pocos los que quedan, yo vengo buscando desde hace meses a un peluquero tradicional y casi los de la zona Centro ya han cerrado sus negocios o han muerto y hasta ahorita encuentro a uno en la Bienestar Social―, comentó Rodrigo, un nuevo cliente de la peluquería “El Buen Amigo”.

Don Bisael tiene su peluquería sobre la avenida 15 de Mayo y esquina con la calle 20 de Noviembre, y desde muy temprano abre su negocio, no sin antes barrer con una escoba de palma, limpiar las sillas y ordenar sus peines y tijeras.

Frisa los 75 años y le ha dedicado más de 50 años a este “noble trabajo”, sin embargo, actualmente ha decidido laborar sólo en el turno de la mañana, debido al cansancio y el estar de pie tanto tiempo; por ello, por las tardes ya no abre el changarro, tiempo que lo destina a Dios, indicó con una sonrisa.

―Cuando uno es joven tiene que trabajar duro, ya de grande la situación cambia y es el de disfrutar la vida y relajarte, “quien siembra y cría, tanto gana de noche como de día” ―acotó don Bisael.

Para este peluquero, la situación actual es muy diferente pues abundan las Barber Shop, Estilistas y Estéticas, entre otras actividades relacionadas a su oficio.



―En mi tiempo, no existían tantos comercios de este corte, a lo mucho unas cuatro por colonia en la ciudad capital, pero ahorita han surgido muchas; pero eso no está mal, cada quien se gana la vida como puede­; recuerdo que en la Bienestar Social había una peluquería llamada “El Fénix”, pero desapareció―.

De pronto, la entrevista es interrumpida, al lugar entra un joven, no mayor a los 18 años, viste pantalón mezclilla, una playera blanca y una gorra que oculta disimuladamente su cabellera.

Don Bisael se levanta de la silla de madera y camina hacia la pared, se acerca al perchero y descuelga su filipina pastel, camina a la salida del local y comienza a abotonársela, de abajo hacia arriba.

Posteriormente, se dirige hacia su cliente y le coloca la capa de peluquería para comenzar a llevar a cabo el corte.

Su vista no le ha fallado ni mucho menos la destreza para manejar las máquinas de cero y doble cero, tijeras, peine y la navaja, aunque la audición ya no es tan buena como en los años mozos.

― Cuando era joven me fui a Pajaritos, Veracruz en busca de trabajo, pero tropecé con el vicio del alcohol, intentaba trabajar pero la adicción fue más fuerte, así que decidí regresar a Chiapas y en Tuxtla conocí a una buena persona, quien sin egoísmos me ayudó a superarme; me involucró a este gran oficio de cortar cabello y también el afeitar, incluso aún conservó un libro que me regaló en mi juventud, se llama “Estética del Cabello para Hombres y Mujeres” del autor André Gissler y básicamente de ahí tomé los principios de un buen peluquero.



Con ese conocimiento comencé a trabajar a domicilio, aunque era muy cansado y desgastante, así que puse una modesta peluquería.

Rememora que, cuando abrió su establecimiento en la Bienestar Social, se encontraba apenas en funciones la VII Región Militar y los castrenses acudían diariamente a la peluquería; por lo que, Don Bisael les dio labor a sus familiares y esto ayudó a que el trabajo incrementara y generara ganancias.

Sin embargo, conforme avanzó el tiempo, la Bienestar Social comenzó a crecer y con ello diversos oficios, al grado de que, Don Bisael terminó quedándose solo, pues ya la clientela era menos y al batallón militar fue trasladado a Los Sabinos.


LA MODERNIDAD TOCA A MI PUERTA

A pesar de que los horarios para atender a sus clientes han sido modificados debido al cansancio que lo apesadumbra, trata de brindarles el mejor servicio.

―Aún llegan a este negocio personas adultas y también jovencitos, siempre busco darles el mejor trato y un buen precio; en mi caso el costo de una cortada de cabello es de 38 pesos, pero si buscas en los negocios juveniles o modernos los precios son muy elevados, hasta los 90 pesos aproximadamente.

Pero créeme que el precio que te estoy dando no era el que manejaba hace 20 años, en aquel entonces, un corte de cabello estaba a un peso y si era complicado te lo dejaba hasta dos pesos, las cosas actualmente han cambiado.

Afortunadamente, las modas van y vienen y los cortes de cabello en hombres no cambian mucho, siguen siendo casi los mismos, hay años en donde los jóvenes usan el cabello largo, en otros hasta las orejas, en fin, no es nada distinto―.

Sin embargo, los años parecen no haber cambiado en la peluquería “El Buen Amigo”, pues aún se respira nostalgia, tan sólo observar los cuadros en blanco y negro en donde describen un corte de cabello, la silla inglesa vintage con la cinta de cuero para afilar, el cúmulo de revistas apiladas sobre una mesa y colocada en la esquina, hasta las tonalidades en las paredes.

―Veo en algunas peluquerías o barberías al personal hacer sus funciones de manera informal, mi consejo sería que, empleen mayor profesionalismo; los clientes se dan cuenta de todos esos detalles, cuando una persona entra, lo primero que hace es observar el espacio y después mirarte de los pies a la cabeza. Por eso siempre deben vestir bien y utilizar filipinas para evitar que los cabellos no se atoren en tus prendas.

Eso le he inculcado a mi hija y mi nieto, quienes están comenzando a abrirse camino en este maravilloso oficio que es la peluquería, no quedarse con los conocimientos que tienen sino actualizarse, asistir a talleres, todo eso al final ayuda―, finalizó.

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