/ viernes 14 de junio de 2019

Sebastiana y el arte de tejer el hilo

La diabetes le quitó la vista, pero no las ganas de seguir enseñando está tradición a las nuevas generaciones y advierte que nunca se extinguirá la artesanía

La hamaca es una red elaborada por manos artesanales de Chiapas, los hay de diversos modelos, formas y tamaños (de la longitud de una muñeca hasta 50 metros), por lo que su precio varía desde los 40 pesos hasta los cuatro mil pesos; uno de los municipios que destaca en su producción es Berriozábal.

Para que el tejido sea resistente, el artesano lo amarra desde las dos cabezas para entrelazar el hilo, donde imprime fuerza vuelta por vuelta, hasta dejar el tamaño determinado.

Esta actividad se efectúa desde muy temprana edad en el municipio mencionado, ubicado a tan sólo 20 minutos de Tuxtla Gutiérrez, donde hay quienes pasaron su infancia entre los hijos y las agujas. Entre dichas personas, está doña Sebastiana Manga Díaz.

Narra que aprendió a elaborar esta artesanía desde los siete años e inició con las hamacas de ixtle; no tuvo infancia o bien, sí la tuvo, pero no le dieron tiempo para jugar, correr o salir de compras, como ahora lo ve en sus nietos.

Su vida fue con sus maestros (papás) para aprender a construir las hamacas; cree que eso ha sido lo mejor, ahora ve más fácil los procesos de producción es una mujer bien formada en el trabajo y en los valores, lo que les ha inculcado a los suyos en la actualidad y defiende la artesanía

Vive en el centro de Berriozábal y ya que esta artesanía es el gran sostenimiento para su familia, entiende que su niñez fue de lo mejor; su microempresa da para mucho, a la vez, enseña a las nuevas generaciones de hamaqueros –como ella les llama–, juventud con decisiones para aprender y con ello, difícilmente se extinguirá la artesanía de Chiapas.



Platica mientras toma su aguja de madera envuelta en hilo azul, en tanto otras aguardan en un estuche de madera, igualmente envueltas en hilos amarillo, verde, rojo y blanco; cuenta que su gasto de inversión es barato, aparentemente, lo que cuesta más es el tiempo, de una a tres semanas para elaborar una hamaca dependiendo el tamaño.

Con gran firmeza revela que pudo ir a la escuela, recuerda su primaria como si fuera ayer que la cursó, eso sí sabe hacer muy bien las cuentas y nadie le roba y a nadie le cobra de más; al ser de una familia artesana, cuando regresaba de las aulas ya tenían su tarea, “nuestra vida era tejer y tejer, por eso sé de memoria las medidas, tamaños y el peso del producto terminado”.

Sebastiana Manga a pesar de haber perdido su vista hace cuatro años, debido a la diabetes, sigue con la tradición, la cual defiende.

Refiere que al principio fue víctima de la depresión, rodeada de familiares, lloraba por no ver, pero a partir de ese momento creyó más en Dios, “es mi ayuda, mi fortaleza, mi guía y con él tengo todo, el amor de familia”.

Comenta que entendió la realidad, aún le quedaban los otros sentidos que debía aprovechar y le sacó el mayor provecho al tacto, que ahora es como sus ojos para la fabricación de la hamaca. “Cuando se aprende bien no se puede fallar”.

“Mis parientes me ayudan con los cuidados y están al pendiente de mi trabajo, hemos hecho un mejor y grande equipo y ahora todo nos va mejor, producimos bien y vendemos bastante; es nuestra empresa”.

No hay discapacidad que le impida hacer bien el bien, detrás de esta actividad tradicional que le ha dado identidad a ella y a su familia, lo es también -cuenta- para todo un pueblo, Berriozábal, al que define como “la casa de las hamacas”.



Junto a ella están dos de sus alumnos Rosalinda Mérida Osorio y Gabriel Alejandro López, quienes cuentan que la discapacidad no le ha impedido trabajar, la ha superado y eso es un gran estímulo para ellos y otros aprendices.

A pesar de que Gabriel proviene de una familia de artesanos, no fue hasta hace dos años que se casó, cuando comenzó a verlo como un oficio; a su corta edad se dedica a efectuar una técnica compleja, de petatillo. Insiste que es su pasión ahora y no pretende abandonarla, ya que la define como la mejor artesanía de Chiapas.

Quienes se dedican –en su mayoría a la elaboración– son féminas; cuidan el hogar, llevan sus hijos a la escuela, van por las compras que incluyen las tortillas y fabrican las hamacas.

Berriozábal pertenece a la región Metropolitana de Chiapas y ésta es la principal actividad económica en el lugar, se contabilizan unos mil 500 artesanos dedicados a la fabricación de la hamaca, la mayoría de tiempo completo.

Dominan cuatro tipos de técnicas: la de agua que es la más comercial y se reconoce por los tejidos que forman rayas; la de petatillo que forman cuadros; la de pinito que ejecutan triángulos; y la yucateca, hecha con un hilo más grueso y tejido más tenso. Aseguran que es su gran pasión, la que pretenden heredar a todas las generaciones.


Las manos de mujeres y hombres muestran al mundo una artesanía de gran calidad, del sostenimiento de muchas familias, cuya elaboración también se comparte con el trabajo doméstico

LAS HAMACAS

La hamaca es una red elaborada por manos artesanales de Chiapas, los hay de diversos modelos, formas y tamaños (de la longitud de una muñeca hasta 50 metros), por lo que su precio varía desde los 40 pesos hasta los cuatro mil pesos; uno de los municipios que destaca en su producción es Berriozábal.

Para que el tejido sea resistente, el artesano lo amarra desde las dos cabezas para entrelazar el hilo, donde imprime fuerza vuelta por vuelta, hasta dejar el tamaño determinado.

Esta actividad se efectúa desde muy temprana edad en el municipio mencionado, ubicado a tan sólo 20 minutos de Tuxtla Gutiérrez, donde hay quienes pasaron su infancia entre los hijos y las agujas. Entre dichas personas, está doña Sebastiana Manga Díaz.

Narra que aprendió a elaborar esta artesanía desde los siete años e inició con las hamacas de ixtle; no tuvo infancia o bien, sí la tuvo, pero no le dieron tiempo para jugar, correr o salir de compras, como ahora lo ve en sus nietos.

Su vida fue con sus maestros (papás) para aprender a construir las hamacas; cree que eso ha sido lo mejor, ahora ve más fácil los procesos de producción es una mujer bien formada en el trabajo y en los valores, lo que les ha inculcado a los suyos en la actualidad y defiende la artesanía

Vive en el centro de Berriozábal y ya que esta artesanía es el gran sostenimiento para su familia, entiende que su niñez fue de lo mejor; su microempresa da para mucho, a la vez, enseña a las nuevas generaciones de hamaqueros –como ella les llama–, juventud con decisiones para aprender y con ello, difícilmente se extinguirá la artesanía de Chiapas.



Platica mientras toma su aguja de madera envuelta en hilo azul, en tanto otras aguardan en un estuche de madera, igualmente envueltas en hilos amarillo, verde, rojo y blanco; cuenta que su gasto de inversión es barato, aparentemente, lo que cuesta más es el tiempo, de una a tres semanas para elaborar una hamaca dependiendo el tamaño.

Con gran firmeza revela que pudo ir a la escuela, recuerda su primaria como si fuera ayer que la cursó, eso sí sabe hacer muy bien las cuentas y nadie le roba y a nadie le cobra de más; al ser de una familia artesana, cuando regresaba de las aulas ya tenían su tarea, “nuestra vida era tejer y tejer, por eso sé de memoria las medidas, tamaños y el peso del producto terminado”.

Sebastiana Manga a pesar de haber perdido su vista hace cuatro años, debido a la diabetes, sigue con la tradición, la cual defiende.

Refiere que al principio fue víctima de la depresión, rodeada de familiares, lloraba por no ver, pero a partir de ese momento creyó más en Dios, “es mi ayuda, mi fortaleza, mi guía y con él tengo todo, el amor de familia”.

Comenta que entendió la realidad, aún le quedaban los otros sentidos que debía aprovechar y le sacó el mayor provecho al tacto, que ahora es como sus ojos para la fabricación de la hamaca. “Cuando se aprende bien no se puede fallar”.

“Mis parientes me ayudan con los cuidados y están al pendiente de mi trabajo, hemos hecho un mejor y grande equipo y ahora todo nos va mejor, producimos bien y vendemos bastante; es nuestra empresa”.

No hay discapacidad que le impida hacer bien el bien, detrás de esta actividad tradicional que le ha dado identidad a ella y a su familia, lo es también -cuenta- para todo un pueblo, Berriozábal, al que define como “la casa de las hamacas”.



Junto a ella están dos de sus alumnos Rosalinda Mérida Osorio y Gabriel Alejandro López, quienes cuentan que la discapacidad no le ha impedido trabajar, la ha superado y eso es un gran estímulo para ellos y otros aprendices.

A pesar de que Gabriel proviene de una familia de artesanos, no fue hasta hace dos años que se casó, cuando comenzó a verlo como un oficio; a su corta edad se dedica a efectuar una técnica compleja, de petatillo. Insiste que es su pasión ahora y no pretende abandonarla, ya que la define como la mejor artesanía de Chiapas.

Quienes se dedican –en su mayoría a la elaboración– son féminas; cuidan el hogar, llevan sus hijos a la escuela, van por las compras que incluyen las tortillas y fabrican las hamacas.

Berriozábal pertenece a la región Metropolitana de Chiapas y ésta es la principal actividad económica en el lugar, se contabilizan unos mil 500 artesanos dedicados a la fabricación de la hamaca, la mayoría de tiempo completo.

Dominan cuatro tipos de técnicas: la de agua que es la más comercial y se reconoce por los tejidos que forman rayas; la de petatillo que forman cuadros; la de pinito que ejecutan triángulos; y la yucateca, hecha con un hilo más grueso y tejido más tenso. Aseguran que es su gran pasión, la que pretenden heredar a todas las generaciones.


Las manos de mujeres y hombres muestran al mundo una artesanía de gran calidad, del sostenimiento de muchas familias, cuya elaboración también se comparte con el trabajo doméstico

LAS HAMACAS

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