/ martes 2 de julio de 2024

Palabra de Antígona / Justicia feminista


Hablar de justicia feminista es una invitación a cambiar, de fondo, la perspectiva de lo que somos las mujeres y los hombres, a dejar de lado una actitud pasiva frente a las dimensiones individuales y colectivas de la violencia basada en el hecho de ser mujer.

Significa lanzar una cruzada para un verdadero cambio de conciencia, capaz de crear una transformación de juezas, jueces y ministerios públicos, para que juzguen tomando en cuenta el entorno social patriarcal que da lugar a los crímenes contra las mujeres. Esto requiere de una revolución cultural y planeación con pasos efectivos.

¿Será ésta una oportunidad? o es simplemente una nueva simulación basada en la lucha por el poder.

La reforma enviada al legislativo por el presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo está escrita en lenguaje masculino, sino que está muy lejos de revertir el contenido ideológico.

Busca imponer la falsa idea de que la elección popular de jueces, ministros y magistrados, es una solución, cuando ni siquiera hemos conseguido en décadas que los funcionarios públicos sean capaces de mirar la problemática específica de las mujeres.

Nada podría resultar de la revisión de tipos y procedimientos penales para garantizar una mayor protección para las mujeres. Hoy sólo el 5 por ciento de las carpetas de investigación tienen una sentencia condenatoria.

Es imposible lograr justicia en los procesos familiares; el más grave, es el tipificado como violencia vicaria; las demandas de divorcio se enredan en los juzgados y los juicios por feminicidio o desaparición de una joven, puede llevar hasta 16 años.

Además de que la búsqueda de una desaparecida daña profundamente a una familia, la falta de justicia y reparación del daño, se hace costumbre y se normalizan los entramados de corrupción cotidiana.

¿Cómo revertir las cotidianas actitudes discriminatorias en cada juzgado? ¿Cómo explicar el encarcelamiento de mujeres por practicarse un aborto? ¿Cómo enfrentar las violaciones sexuales recurrentes y dolorosas? ¿Qué responder sobre el despojo económico a que se enfrenta una mujer mayor?¿Que decir de cada asesinato contra una mujer, sólo por ser mujer?

Para el análisis feminista, los cambios en el Poder Judicial no pueden darse al margen de una reforma educativa con perspectiva feminista. Deben dejar de lado la política asistencial que reafirma los papeles tradicionales que deben cumplir las mujeres y reorganizar instituciones como los centros de justicia para las mujeres cuyos resultados son lamentables.

Cómo Soltar la Herida, dice la terapeuta, Gina Goldfeder, que escribe la tragedia de un abuso sexual, algo que un juez o una jueza leen con ignorancia o indiferencia porque no entienden un ápice y dimensión del trauma desde la perspectiva feminista.

Es decir, no podremos hablar de justicia para las mujeres, si no se aborda la histórica discriminación y el pacto patriarcal persistente, si no se va al fondo del problema y sólo discutimos, como se ve en los foros que se iniciaron, la política administrativa, la sujeción partidaria y se quieren explicar con acusaciones superficiales los años y años de impunidad.

La discusión es una oportunidad de oro, para quienes saben bien cuál sería la justicia para las mujeres, las torturadas en las detenciones arbitrarias, las que esperan en las cárceles inútilmente el cierre de sus procesos, mientras la demagogia habla de incluir la mirada de género, cuando ni se sabe ni se entiende qué significa. Hoy, “tiempo de mujeres”, es la posibilidad de dar contenido a esa frase vacía. Veremos

Periodista, directora del portal informativo http://www//semmexico.mx


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Hablar de justicia feminista es una invitación a cambiar, de fondo, la perspectiva de lo que somos las mujeres y los hombres, a dejar de lado una actitud pasiva frente a las dimensiones individuales y colectivas de la violencia basada en el hecho de ser mujer.

Significa lanzar una cruzada para un verdadero cambio de conciencia, capaz de crear una transformación de juezas, jueces y ministerios públicos, para que juzguen tomando en cuenta el entorno social patriarcal que da lugar a los crímenes contra las mujeres. Esto requiere de una revolución cultural y planeación con pasos efectivos.

¿Será ésta una oportunidad? o es simplemente una nueva simulación basada en la lucha por el poder.

La reforma enviada al legislativo por el presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo está escrita en lenguaje masculino, sino que está muy lejos de revertir el contenido ideológico.

Busca imponer la falsa idea de que la elección popular de jueces, ministros y magistrados, es una solución, cuando ni siquiera hemos conseguido en décadas que los funcionarios públicos sean capaces de mirar la problemática específica de las mujeres.

Nada podría resultar de la revisión de tipos y procedimientos penales para garantizar una mayor protección para las mujeres. Hoy sólo el 5 por ciento de las carpetas de investigación tienen una sentencia condenatoria.

Es imposible lograr justicia en los procesos familiares; el más grave, es el tipificado como violencia vicaria; las demandas de divorcio se enredan en los juzgados y los juicios por feminicidio o desaparición de una joven, puede llevar hasta 16 años.

Además de que la búsqueda de una desaparecida daña profundamente a una familia, la falta de justicia y reparación del daño, se hace costumbre y se normalizan los entramados de corrupción cotidiana.

¿Cómo revertir las cotidianas actitudes discriminatorias en cada juzgado? ¿Cómo explicar el encarcelamiento de mujeres por practicarse un aborto? ¿Cómo enfrentar las violaciones sexuales recurrentes y dolorosas? ¿Qué responder sobre el despojo económico a que se enfrenta una mujer mayor?¿Que decir de cada asesinato contra una mujer, sólo por ser mujer?

Para el análisis feminista, los cambios en el Poder Judicial no pueden darse al margen de una reforma educativa con perspectiva feminista. Deben dejar de lado la política asistencial que reafirma los papeles tradicionales que deben cumplir las mujeres y reorganizar instituciones como los centros de justicia para las mujeres cuyos resultados son lamentables.

Cómo Soltar la Herida, dice la terapeuta, Gina Goldfeder, que escribe la tragedia de un abuso sexual, algo que un juez o una jueza leen con ignorancia o indiferencia porque no entienden un ápice y dimensión del trauma desde la perspectiva feminista.

Es decir, no podremos hablar de justicia para las mujeres, si no se aborda la histórica discriminación y el pacto patriarcal persistente, si no se va al fondo del problema y sólo discutimos, como se ve en los foros que se iniciaron, la política administrativa, la sujeción partidaria y se quieren explicar con acusaciones superficiales los años y años de impunidad.

La discusión es una oportunidad de oro, para quienes saben bien cuál sería la justicia para las mujeres, las torturadas en las detenciones arbitrarias, las que esperan en las cárceles inútilmente el cierre de sus procesos, mientras la demagogia habla de incluir la mirada de género, cuando ni se sabe ni se entiende qué significa. Hoy, “tiempo de mujeres”, es la posibilidad de dar contenido a esa frase vacía. Veremos

Periodista, directora del portal informativo http://www//semmexico.mx


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