/ viernes 2 de agosto de 2019

Ya hay diversidad religiosa en Chamula

Nunca más volverán las expulsiones indígenas por religiones, consideran luego de que de 1974 a 1994 abandonaron sus hogares 35 mil aborígenes

Chamula es un pueblo tsotsil lleno de misticismo en medio de las montañas de los Altos de Chiapas, que se dio a conocer de 1974 a 1994 al mundo por su gran rebelión en contra de la presencia de otras iglesias diferentes a la católica tradicional; fueron 20 años de insurgencia y de rechazo en contra de todo aquello que significaba creer y pensar diferente.

Han pasado 25 años en que se dieron los primeros retornos de los expulsados a sus lugares nativos y en medio de la diversidad cultural y religiosa, donde las poblaciones que rinden culto a San Juan Bautista y San Sebastián, así como a otras imágenes, han aceptado la expansión de otras confesiones devotas.

Tras los violentos desalojos, los evangélicos no se dieron por vencidos, ni las armas, ni el machete, ni el garrote, enfrentamientos, muertos o heridos los hizo cambiar de fe; no obstante, la presencia de alcohol y la práctica de rituales tradicionales, penetraron poco a poco las misiones evangélicas hasta vencer la fuerza y la violencia por la razón, unidad y el amor al prójimo.

En Chamula, distante a 10 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas, se han construido 150 templos evangélicos de la Iglesia Adventista, Presbiteriana, Iglesia de Dios, Luz del Mundo, Testigos de Jehová, musulmanes, Nazareno, entre otras, además de la Católica.



Los barrios de San Pedro, San Juan y San Sebastián, las gigantescas cruces que representan a Dios Madre y a Dios Padre, la gran plaza, el gran templo con su enorme atrio, que guardaban un misterio, ahora son espectadores de la pérdida de los cacicazgos.

Los evangélicos participan en las tareas de las comunidades, dan sus cooperaciones, mientras que la Iglesia de San Juan frente a la gran plaza es sobria, el altar luce adornado de flores; su interior es iluminado por decenas de velas, se siente la fragancia de incienso.

A los locales se reciben con pozol y licor blanco, a los visitantes se les prohíbe tomar fotos, mujeres rezan en lengua materna, mientras los testigos con su indumentaria nativa llevan su biblia bajo el brazo sin que nadie les diga nada; se trata de un universo diferente, cada quien tiene su propia fe y carga de esperanza.

Uno de los primeros evangélicos en salir de ese pueblo pintoresco Domingo López Ángel, le siguió una cadena de expulsiones agresivas, se impuso la fuerza de los cacicazgos al Estado de derecho, comenzaron a formarse nuevos asentamientos humanos, principalmente en los alrededores de San Cristóbal de Las Casas.

En las comunidades aborígenes se ha acordado que quien destierre será castigado, no debe haber más; nunca más la noche trágica para los pueblos indígenas, la fe no debe confrontarse, a mí me corresponde la lucha –dijo López Ángel- que no haya expulsiones.

Chamula llegó a tener 35 mil evangélicos nativos fuera de su procedencia, el fondo era político, económico y social; las comunidades eran controladas por caciques que tenían la fuerza y el control del poder, nunca pesó la federación, el estado o el municipio.

Aquellos cacicazgos se convencieron y entendieron que no podían vivir en la confrontación, su poder se diluyó; Chamula ahora no hace a un lado su cultura, lengua materna y variantes dialectales, así como vestuario y cosmovisión.

López Ángel cuenta que estuvieron fuera de sus hogares 20 años, los retornos comenzaron el 17 de agosto de 1994, se han registro algunos regresos recientes; los grupos que encabezaron las expulsiones siguen en las comunidades, se convive con ellos.



La lucha por la paz en los poblados aborígenes ha tenido altos costos, ahí está el origen del Consejo de Representantes Indígenas que preside el propio López Ángel, desde el 7 de septiembre de 1984; “se va a mantener la paz porque nosotros no queremos la guerra, el principio es amarse los unos a los otros, la instrucción religiosa comienza desde la infancia, pero también con los papás”.

La presidenta de la Comisión de Asuntos Religiosos del Congreso del estado, Patricia Mass Lazos, expuso que la presencia de las asociaciones religiosas no católicas ha crecido en los asentamientos nativos, ha sido testigo de ello en Zinacantán, Chenalhó, Pantelhó, Aldama, Larráinzar, Mitontic y Chalchihuitán.

Son muchas las asociaciones religiosas que han alcanzado un crecimiento exponencial en Chamula, Chiapas registra ante la Secretaría de Gobernación casi 300; la mayoría tienen presencia en los pueblos originarios, los evangélicos son agricultores, cultivan frutas y legumbres, no aceptan, ni permitirán más destierros por su fe.

Desde el Consejo Interreligioso que agrupa a diversas sociedades religiosas y que preside el presbítero José Luis Aguilera, se ha insistido en la importancia del diálogo, donde lo primero que se tiene que fomentar es el amor al prójimo y la fraternidad; no más derrame de sangre, no más víctimas indígenas por pensar diferente.

Chamula es un pueblo tsotsil lleno de misticismo en medio de las montañas de los Altos de Chiapas, que se dio a conocer de 1974 a 1994 al mundo por su gran rebelión en contra de la presencia de otras iglesias diferentes a la católica tradicional; fueron 20 años de insurgencia y de rechazo en contra de todo aquello que significaba creer y pensar diferente.

Han pasado 25 años en que se dieron los primeros retornos de los expulsados a sus lugares nativos y en medio de la diversidad cultural y religiosa, donde las poblaciones que rinden culto a San Juan Bautista y San Sebastián, así como a otras imágenes, han aceptado la expansión de otras confesiones devotas.

Tras los violentos desalojos, los evangélicos no se dieron por vencidos, ni las armas, ni el machete, ni el garrote, enfrentamientos, muertos o heridos los hizo cambiar de fe; no obstante, la presencia de alcohol y la práctica de rituales tradicionales, penetraron poco a poco las misiones evangélicas hasta vencer la fuerza y la violencia por la razón, unidad y el amor al prójimo.

En Chamula, distante a 10 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas, se han construido 150 templos evangélicos de la Iglesia Adventista, Presbiteriana, Iglesia de Dios, Luz del Mundo, Testigos de Jehová, musulmanes, Nazareno, entre otras, además de la Católica.



Los barrios de San Pedro, San Juan y San Sebastián, las gigantescas cruces que representan a Dios Madre y a Dios Padre, la gran plaza, el gran templo con su enorme atrio, que guardaban un misterio, ahora son espectadores de la pérdida de los cacicazgos.

Los evangélicos participan en las tareas de las comunidades, dan sus cooperaciones, mientras que la Iglesia de San Juan frente a la gran plaza es sobria, el altar luce adornado de flores; su interior es iluminado por decenas de velas, se siente la fragancia de incienso.

A los locales se reciben con pozol y licor blanco, a los visitantes se les prohíbe tomar fotos, mujeres rezan en lengua materna, mientras los testigos con su indumentaria nativa llevan su biblia bajo el brazo sin que nadie les diga nada; se trata de un universo diferente, cada quien tiene su propia fe y carga de esperanza.

Uno de los primeros evangélicos en salir de ese pueblo pintoresco Domingo López Ángel, le siguió una cadena de expulsiones agresivas, se impuso la fuerza de los cacicazgos al Estado de derecho, comenzaron a formarse nuevos asentamientos humanos, principalmente en los alrededores de San Cristóbal de Las Casas.

En las comunidades aborígenes se ha acordado que quien destierre será castigado, no debe haber más; nunca más la noche trágica para los pueblos indígenas, la fe no debe confrontarse, a mí me corresponde la lucha –dijo López Ángel- que no haya expulsiones.

Chamula llegó a tener 35 mil evangélicos nativos fuera de su procedencia, el fondo era político, económico y social; las comunidades eran controladas por caciques que tenían la fuerza y el control del poder, nunca pesó la federación, el estado o el municipio.

Aquellos cacicazgos se convencieron y entendieron que no podían vivir en la confrontación, su poder se diluyó; Chamula ahora no hace a un lado su cultura, lengua materna y variantes dialectales, así como vestuario y cosmovisión.

López Ángel cuenta que estuvieron fuera de sus hogares 20 años, los retornos comenzaron el 17 de agosto de 1994, se han registro algunos regresos recientes; los grupos que encabezaron las expulsiones siguen en las comunidades, se convive con ellos.



La lucha por la paz en los poblados aborígenes ha tenido altos costos, ahí está el origen del Consejo de Representantes Indígenas que preside el propio López Ángel, desde el 7 de septiembre de 1984; “se va a mantener la paz porque nosotros no queremos la guerra, el principio es amarse los unos a los otros, la instrucción religiosa comienza desde la infancia, pero también con los papás”.

La presidenta de la Comisión de Asuntos Religiosos del Congreso del estado, Patricia Mass Lazos, expuso que la presencia de las asociaciones religiosas no católicas ha crecido en los asentamientos nativos, ha sido testigo de ello en Zinacantán, Chenalhó, Pantelhó, Aldama, Larráinzar, Mitontic y Chalchihuitán.

Son muchas las asociaciones religiosas que han alcanzado un crecimiento exponencial en Chamula, Chiapas registra ante la Secretaría de Gobernación casi 300; la mayoría tienen presencia en los pueblos originarios, los evangélicos son agricultores, cultivan frutas y legumbres, no aceptan, ni permitirán más destierros por su fe.

Desde el Consejo Interreligioso que agrupa a diversas sociedades religiosas y que preside el presbítero José Luis Aguilera, se ha insistido en la importancia del diálogo, donde lo primero que se tiene que fomentar es el amor al prójimo y la fraternidad; no más derrame de sangre, no más víctimas indígenas por pensar diferente.

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