/ miércoles 20 de septiembre de 2017

Logran rescate de sobreviviente de Lindavista

  • Don Pepe el último en volver anacer dentro del derrumbe de un edificio

GABRIEL XANTOMILA Y SERGIO PÉREZ-TREJO

EL SOL DE MÉXICO

CDMX.- Mientras haya esperanza hay vida, di­cen losvecinos y el es­fuerzo obtiene su frutos horas después cuandoaparece de entre los escombros el señor José Luis Ponce Illescas,de 65 años, tras luchar un día por su vida entre escombros en lacalle de Coquim­bo, en la colonia Lindavista, donde colapsó unconjunto habitacional que en su mejor momento pasaba porresidencial. El júbilo, el llanto, los aplausos y las sonrisasafloran, pero es el principio porque abajo hay más esperanza. Ytodos ca­llan, señal de vida.

En Lindavista, en Gustavo A. Madero, son hileras trashileras de voluntarios y solidarios con “Fuerza México’’, enapoyo a sus familiares, de sus vecinos, de sus amigos, de suconocidos, con vida o sin ella, pero sepultados bajo to­neladas deescombros. Y los gritos de desesperación de la hermana, la tía ylos padres ante la falta de información de la autoridadde­legacional. No hay lugar para el reposo de todos los que ayudanen la remoción de escombros, es una lucha contra el tiempo.Toda­vía hay ánimo: “vamos todos, sí se puede’’. Lasolidaridad de los ha­bitantes de la colonia Lindavista, madres defamilia con sus hijas e hijos, jóvenes y habitantes de otras zonasde la Gustavo A. Madero, si­gue en pie. Cargan agua, víveres,comida, sándwiches, fruta, medi­camentos y herramientas. Corrende un lado a otro. El rescate de Don Pepe es dramático. Losprimeros que logran ver su rostro y parte de su cuerpo sonintegrantes de los topos del estado de Querétaro y bomberos de laciudad de Méxi­co. Balbucea que su hija está atra­pada. Suspiernas están atoradas, por lo que Don Pepe ve la luz con mediocuerpo bajo los escombros. Pasa una hora y logra liberarse de laspiedras. Y sube entre aplausos a una ambulancia de la Cruz Roja.Habitaba en el segundo nivel, que cayó al suelo una vez queinició el movimiento telúrico.

Pero después del sorbo de esperanza que dio surescate. La gente calla, observa. Llegan las ambulancias deservicios peri­ciales de la Procuraduría General de Justicia.Recogen dos cuerpos. Aún quedan seis. Las lágrimas regresan. Eldelegado de Gustavo A. Madero, Víctor Hugo Lobo Ro­mán, anuncialo temido: una vez rescatado José Luis Ponce, la ma­quinariapesada, ingresará. Ni los perros especializados en la bús­quedade sobrevivientes, con su agudo oído y olfato, percibieron másvida.

  • Don Pepe el último en volver anacer dentro del derrumbe de un edificio

GABRIEL XANTOMILA Y SERGIO PÉREZ-TREJO

EL SOL DE MÉXICO

CDMX.- Mientras haya esperanza hay vida, di­cen losvecinos y el es­fuerzo obtiene su frutos horas después cuandoaparece de entre los escombros el señor José Luis Ponce Illescas,de 65 años, tras luchar un día por su vida entre escombros en lacalle de Coquim­bo, en la colonia Lindavista, donde colapsó unconjunto habitacional que en su mejor momento pasaba porresidencial. El júbilo, el llanto, los aplausos y las sonrisasafloran, pero es el principio porque abajo hay más esperanza. Ytodos ca­llan, señal de vida.

En Lindavista, en Gustavo A. Madero, son hileras trashileras de voluntarios y solidarios con “Fuerza México’’, enapoyo a sus familiares, de sus vecinos, de sus amigos, de suconocidos, con vida o sin ella, pero sepultados bajo to­neladas deescombros. Y los gritos de desesperación de la hermana, la tía ylos padres ante la falta de información de la autoridadde­legacional. No hay lugar para el reposo de todos los que ayudanen la remoción de escombros, es una lucha contra el tiempo.Toda­vía hay ánimo: “vamos todos, sí se puede’’. Lasolidaridad de los ha­bitantes de la colonia Lindavista, madres defamilia con sus hijas e hijos, jóvenes y habitantes de otras zonasde la Gustavo A. Madero, si­gue en pie. Cargan agua, víveres,comida, sándwiches, fruta, medi­camentos y herramientas. Corrende un lado a otro. El rescate de Don Pepe es dramático. Losprimeros que logran ver su rostro y parte de su cuerpo sonintegrantes de los topos del estado de Querétaro y bomberos de laciudad de Méxi­co. Balbucea que su hija está atra­pada. Suspiernas están atoradas, por lo que Don Pepe ve la luz con mediocuerpo bajo los escombros. Pasa una hora y logra liberarse de laspiedras. Y sube entre aplausos a una ambulancia de la Cruz Roja.Habitaba en el segundo nivel, que cayó al suelo una vez queinició el movimiento telúrico.

Pero después del sorbo de esperanza que dio surescate. La gente calla, observa. Llegan las ambulancias deservicios peri­ciales de la Procuraduría General de Justicia.Recogen dos cuerpos. Aún quedan seis. Las lágrimas regresan. Eldelegado de Gustavo A. Madero, Víctor Hugo Lobo Ro­mán, anuncialo temido: una vez rescatado José Luis Ponce, la ma­quinariapesada, ingresará. Ni los perros especializados en la bús­quedade sobrevivientes, con su agudo oído y olfato, percibieron másvida.

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