/ lunes 6 de julio de 2020

Mexicanos tardarán 90 días en readaptarse a la normalidad

La pandemia ha causado que toda la población sufra de distintos duelos, que van desde dejar de ver a los amigos hasta perder familiares


Los cambios en la rutina pueden ser un evento que generen una sensación de la pérdida del control. Este año se caracteriza por tener un cambio tras otro y el proceso de nuevas rutinas y realidades será gradual, constante y largo, muy largo.

"La recuperación va a ser lenta y muy tortuosa y en el caso de la gente que trabaja en el sector informal, es la que la está pasando peor, porque tiene que salir, tiene que trasladarse largas distancias, comprar sus productos, pero confío en que México se pueda adaptar, incluso cuando esta situación no tiene precedentes”, dijo Elías Micha, director general de TallentiaMx.

El filósofo griego, Heráclito de Efeso, dijo alguna vez que “lo único que permanece es el cambio”, aunque nunca dijo cuál es el impacto que tiene en la vida del ser humano.

La nueva normalidad es un escenario “de mucha incertidumbre, a eso es muy difícil adaptarse, tanto psicológicamente como económicamente, esa es la parte difícil”, agregó Elías Micha.

Crear una nueva rutina y apegarse a ella es un proceso prolongado que puede generar ansiedad e implicar esfuerzos adicionales que afectan nuestro comportamiento, así como la energía que tenemos que utilizar para realizar nuestras actividades cotidianas. El estudio Cómo se forman los hábitos: modelar la formación de hábitos en el mundo real, elaborado por la University College de Londres, señala que un cambio de rutina puede tardar en promedio 66 días.

Un comensal recibe alcohol en gel a la entrada de un restaurante de Polanco, como parte del reinicio de las actividades en la capital del país / Foto: Adrián Vázquez

La Fase 3 de la Jornada Nacional de Sana Distancia, que nos mandó a casa y provocó el cierre de los negocios no esenciales, inició el 23 de marzo y concluyó el 31 de mayo, lo que abarcó 69 días, un tiempo apenas suficiente para adaptarse al cambio de hábitos.

El mismo estudio refleja que la formación de rutinas implica la reducción de un esfuerzo físico o mental para realizar una actividad determinada. El análisis pidió a los participantes medir en una escala del uno al cinco, qué tan complicado les resultaba hacer una actividad para formar un hábito (como caminar, salir a correr, hacer ejercicio, meditar o tomar agua).

Llegar al uno, detallan los investigadores, implica que no se realiza ningún esfuerzo para hacer una actividad y que es prácticamente una parte automatizada, un proceso que tardó en promedio 66 días.

En México, la Nueva Normalidad todavía no tiene un efecto tan grande, pero representa otra modificación al estilo de vida de los mexicanos, mismo que apenas lleva 36 días, un tiempo que, según el estudio, resulta insuficiente para generar una estructura que dé la sensación de control o que no hay que realizar un esfuerzo para realizar nuestras actividades.

“Estos cambios pueden derrumbar al individuo como tal. Tengo pacientes que están al borde del suicidio, porque con el confinamiento entramos a un estado de soledad, independientemente de las personas con las que vivas. Te empiezas a preguntar y cuestionar qué pasa con tu vida, y esto ataca más en una situación compleja como el confinamiento”, dijo Liliana Valdez, maestra en Terapias Psicosociales de la Universidad Mexicana.

36 días acumula la etapa denominada como Nueva Normalidad en el país

FACTOR MIEDO

En la nueva normalidad, a la incertidumbre hay que sumar el miedo, pues con el regreso gradual, las personas que estaban en confinamiento ahora deben salir a la calle cuando el virus sigue presente.

Los retornos han dado resultados diversos en el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos, los contagios se aceleraron cuando el gobierno decidió retirar gradualmente las restricciones. Lo mismo ocurrió en Corea del Sur o Israel.

“En México se va a abrir la economía con mucho riesgo de que haya una mayor cantidad de contagios, pero ese es un riesgo de todos los países. En Estados Unidos tomaron el riesgo y hay muchísimos casos, pero no podemos comparar a México con Estados Unidos, porque allá todas las familias estaban recibiendo un cheque de mil dólares por quedarse en casa, en el caso de México sería devastador que nos volvieran a pedir que no saliéramos a trabajar”, dijo Elías Micha.

Este riesgo, comenta Liliana Valdez, se suma a que en el confinamiento estamos temiendo a la muerte, nos sentimos solos y abandonados. “Lo que escuchamos sobre los contagios, los muertos y los hospitales saturados va generando miedo y salir a la calle representa un miedo adicional al contagio”.

“A medida que se intensifica el impulso para reabrir la economía, también lo hacen los sentimientos de temor ante la idea de regresar a la oficina”, dijo el profesor y antropólogo, Jeff Anderson al New York Times.

Sin embargo, el miedo no es del todo malo, pues la psicoterapeuta de la Asociación Psicológica ConoSer, Liliana Morales, detalló que es una emoción que permite actuar ante posibles situaciones de peligro, siempre y cuando te permita seguir realizando tu vida.

Tener esa sensación al reincorporarnos a nuestras actividades, aclaró, es completamente normal mientras dure el proceso de adaptación a la nueva normalidad.

“Es normal tener miedo porque al final ya nos habíamos acostumbrado a estar resguardados y eso nos daba tranquilidad y seguridad, pero el hecho de salir y convivir con las personas nos da incertidumbre, ya no tenemos el control de ese cuidado”, señaló la psicóloga.

Sin embargo, alertó que este sentimiento deja de ser normal cuando paraliza. “En algunas personas puede detonar ansiedad y si no se trata puede también desembocar en un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o incluso depresión ”, explicó la especialista.

El comercio informal adapta sus puestos a las medidas preventivas / Foto: Roberto Hernández

RESILIENCIA, LA CLAVE

Liliana Valdez asegura que la resiliencia es la clave para enfrentar los cambios y es una habilidad que se lleva a nivel evolutivo. La especialista lo resume así: “adaptarse o sufrir”.

La Asociación Americana de Psicología (APA) dice que la resiliencia es el proceso de adaptarse frente a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza o fuentes de tensión significativas como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes de trabajo o financieras.

Bajo esta definición, la pandemia por el coronavirus representa la suma de todas las adversidades.

La resiliencia no es una habilidad con la que nazca el ser humano. “Se va adquiriendo conforme se adquiere experiencia y con base en los golpes de la vida, pero la mayoría de la población no tiene esta capacidad”, advirtió Valdez.

En este sentido, señala que es necesario obtener orientación terapéutica para enfrentar los cambios, incluso si las personas se sienten bien.

La APA detalla que la resiliencia implica mantener la flexibilidad y el balance en la vida, mientras se enfrentan los eventos traumáticos.

La organización señala que la flexibilidad se basa en seleccionar los momentos ideales para experimentar emociones fuertes, cuándo tomar acción y cuándo descansar, así como elegir el tiempo que pasas con tus seres queridos y el que decides pasar solo.

Además, Juan Gómez, director de Workspaces para Citrix Latinoamérica, dijo que de acuerdo con una encuesta de la empresa, 56 por ciento de los mexicanos tienen esquemas de trabajo más flexibles.

De ellos, 64 por ciento disfrutan la flexibilidad y ya no quieren volver al modelo anterior.

“La adaptación fue difícil al principio, pero en la mayoría de los casos tanto empresas como empleados se dieron cuenta de que el esquema funciona… Dentro de lo complicado que ha sido el proceso, lo positivo es el aprendizaje”.

Con información de Karla Díaz | El Sol de México


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Los cambios en la rutina pueden ser un evento que generen una sensación de la pérdida del control. Este año se caracteriza por tener un cambio tras otro y el proceso de nuevas rutinas y realidades será gradual, constante y largo, muy largo.

"La recuperación va a ser lenta y muy tortuosa y en el caso de la gente que trabaja en el sector informal, es la que la está pasando peor, porque tiene que salir, tiene que trasladarse largas distancias, comprar sus productos, pero confío en que México se pueda adaptar, incluso cuando esta situación no tiene precedentes”, dijo Elías Micha, director general de TallentiaMx.

El filósofo griego, Heráclito de Efeso, dijo alguna vez que “lo único que permanece es el cambio”, aunque nunca dijo cuál es el impacto que tiene en la vida del ser humano.

La nueva normalidad es un escenario “de mucha incertidumbre, a eso es muy difícil adaptarse, tanto psicológicamente como económicamente, esa es la parte difícil”, agregó Elías Micha.

Crear una nueva rutina y apegarse a ella es un proceso prolongado que puede generar ansiedad e implicar esfuerzos adicionales que afectan nuestro comportamiento, así como la energía que tenemos que utilizar para realizar nuestras actividades cotidianas. El estudio Cómo se forman los hábitos: modelar la formación de hábitos en el mundo real, elaborado por la University College de Londres, señala que un cambio de rutina puede tardar en promedio 66 días.

Un comensal recibe alcohol en gel a la entrada de un restaurante de Polanco, como parte del reinicio de las actividades en la capital del país / Foto: Adrián Vázquez

La Fase 3 de la Jornada Nacional de Sana Distancia, que nos mandó a casa y provocó el cierre de los negocios no esenciales, inició el 23 de marzo y concluyó el 31 de mayo, lo que abarcó 69 días, un tiempo apenas suficiente para adaptarse al cambio de hábitos.

El mismo estudio refleja que la formación de rutinas implica la reducción de un esfuerzo físico o mental para realizar una actividad determinada. El análisis pidió a los participantes medir en una escala del uno al cinco, qué tan complicado les resultaba hacer una actividad para formar un hábito (como caminar, salir a correr, hacer ejercicio, meditar o tomar agua).

Llegar al uno, detallan los investigadores, implica que no se realiza ningún esfuerzo para hacer una actividad y que es prácticamente una parte automatizada, un proceso que tardó en promedio 66 días.

En México, la Nueva Normalidad todavía no tiene un efecto tan grande, pero representa otra modificación al estilo de vida de los mexicanos, mismo que apenas lleva 36 días, un tiempo que, según el estudio, resulta insuficiente para generar una estructura que dé la sensación de control o que no hay que realizar un esfuerzo para realizar nuestras actividades.

“Estos cambios pueden derrumbar al individuo como tal. Tengo pacientes que están al borde del suicidio, porque con el confinamiento entramos a un estado de soledad, independientemente de las personas con las que vivas. Te empiezas a preguntar y cuestionar qué pasa con tu vida, y esto ataca más en una situación compleja como el confinamiento”, dijo Liliana Valdez, maestra en Terapias Psicosociales de la Universidad Mexicana.

36 días acumula la etapa denominada como Nueva Normalidad en el país

FACTOR MIEDO

En la nueva normalidad, a la incertidumbre hay que sumar el miedo, pues con el regreso gradual, las personas que estaban en confinamiento ahora deben salir a la calle cuando el virus sigue presente.

Los retornos han dado resultados diversos en el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos, los contagios se aceleraron cuando el gobierno decidió retirar gradualmente las restricciones. Lo mismo ocurrió en Corea del Sur o Israel.

“En México se va a abrir la economía con mucho riesgo de que haya una mayor cantidad de contagios, pero ese es un riesgo de todos los países. En Estados Unidos tomaron el riesgo y hay muchísimos casos, pero no podemos comparar a México con Estados Unidos, porque allá todas las familias estaban recibiendo un cheque de mil dólares por quedarse en casa, en el caso de México sería devastador que nos volvieran a pedir que no saliéramos a trabajar”, dijo Elías Micha.

Este riesgo, comenta Liliana Valdez, se suma a que en el confinamiento estamos temiendo a la muerte, nos sentimos solos y abandonados. “Lo que escuchamos sobre los contagios, los muertos y los hospitales saturados va generando miedo y salir a la calle representa un miedo adicional al contagio”.

“A medida que se intensifica el impulso para reabrir la economía, también lo hacen los sentimientos de temor ante la idea de regresar a la oficina”, dijo el profesor y antropólogo, Jeff Anderson al New York Times.

Sin embargo, el miedo no es del todo malo, pues la psicoterapeuta de la Asociación Psicológica ConoSer, Liliana Morales, detalló que es una emoción que permite actuar ante posibles situaciones de peligro, siempre y cuando te permita seguir realizando tu vida.

Tener esa sensación al reincorporarnos a nuestras actividades, aclaró, es completamente normal mientras dure el proceso de adaptación a la nueva normalidad.

“Es normal tener miedo porque al final ya nos habíamos acostumbrado a estar resguardados y eso nos daba tranquilidad y seguridad, pero el hecho de salir y convivir con las personas nos da incertidumbre, ya no tenemos el control de ese cuidado”, señaló la psicóloga.

Sin embargo, alertó que este sentimiento deja de ser normal cuando paraliza. “En algunas personas puede detonar ansiedad y si no se trata puede también desembocar en un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o incluso depresión ”, explicó la especialista.

El comercio informal adapta sus puestos a las medidas preventivas / Foto: Roberto Hernández

RESILIENCIA, LA CLAVE

Liliana Valdez asegura que la resiliencia es la clave para enfrentar los cambios y es una habilidad que se lleva a nivel evolutivo. La especialista lo resume así: “adaptarse o sufrir”.

La Asociación Americana de Psicología (APA) dice que la resiliencia es el proceso de adaptarse frente a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza o fuentes de tensión significativas como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes de trabajo o financieras.

Bajo esta definición, la pandemia por el coronavirus representa la suma de todas las adversidades.

La resiliencia no es una habilidad con la que nazca el ser humano. “Se va adquiriendo conforme se adquiere experiencia y con base en los golpes de la vida, pero la mayoría de la población no tiene esta capacidad”, advirtió Valdez.

En este sentido, señala que es necesario obtener orientación terapéutica para enfrentar los cambios, incluso si las personas se sienten bien.

La APA detalla que la resiliencia implica mantener la flexibilidad y el balance en la vida, mientras se enfrentan los eventos traumáticos.

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Con información de Karla Díaz | El Sol de México


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