/ domingo 5 de enero de 2020

EZLN, una piedra en el zapato

Atrás quedó aquella vieja foto en la que aparecen el subcomandante Marcos y Andrés Manuel López Obrador del brazo. Complementan la escena Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, su hijo Lázaro Cárdenas Batel y la activista Rosario Ibarra de Piedra.


La imagen se volvió popular en redes sociales en julio del año pasado cuando el gobierno de la Cuarta Transformación apenas tenía sus primeros tropiezos.

La publicó el Presidente de México, quien estuvo en Guadalupe Tepeyac, municipio de Las Margaritas, Chiapas, cuna del zapatismo y lugar en que fue tomada la fotografía que mostraba la entonces amistad o cuando menos cercanía entre el encapuchado y el tabasqueño.

Hoy las cosas son diferentes. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha vuelto a retomar “las armas” de la palabra para expresar su rechazo a los megaproyectos del sexenio, particularmente al emblemático “Tren Maya” que partirá de Palenque, en Chiapas.

Los del EZLN no son los mismos de antes y no tienen el mismo brillo de hace 26 años cuando surgieron a la luz pública; sin embargo, tal y como lo fueron con otros gobiernos, podrían ser para la 4T, una piedra el en zapato…


DIFERENCIAS Y COINCIDENCIAS

En una cosa han coincidido los zapatistas y Obrador: en rechazar todo lo que huele a capitalismo, a neoliberalismo, al control de la nación por parte de unos cuantos, a los grandes proyectos.

La cosa es que los líderes del EZLN, quienes no tienen nada que perder, han mantenido su mismo discurso desde el alzamiento armado, igual que otros grupos como el EPR.

En cambio, Andrés Manuel López Obrador, ya en calidad de Presidente de México, tiene que matizar su discurso y en varias ocasiones hace pensar que trae un doble juego; de hecho, se le ha criticado porque dice una cosa y hace otra.

El EZLN sigue defendiendo temas fundamentales como la Tierra, algo muy arraigado, principalmente en las comunidades indígenas, quienes le brindan un valor que muchos que vivimos en las ciudades nunca entenderemos.

El grupo zapatista sigue enarbolando las mismas banderas que permitieron su surgimiento como el combate a la pobreza, a la desigualdad y a una educación distinta a la actual.

En cambio, Andrés Manuel López Obrador tiene que quedar bien con Dios y con el Diablo.

El Presidente de México sigue defendiendo la idea de acortar la desigualdad que por décadas ha afectado al país y generado más de 50 millones de pobres; sin embargo, continúa entregando programas sociales que, para el EZLN solamente son dádivas.

Sigue acusando a los gobiernos anteriores, a quienes señala de neoliberales; sin embargo, tiene que sucumbir a los caprichos de los Estados Unidos, quien le exigió, por ejemplo, el combate a la migración.

Obrador ha expresado su rechazo a las grandes compañías que buscan solamente el bien material; sin embargo, ha tenido que congraciarse con los hombres más ricos de México, quienes prometen invertir, pero el crecimiento económico fue casi de cero en 2019.

AMLO no ha querido viajar en el avión presidencial y lo puso en venta, canceló el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y canceló los recintos estratégicos de unos siete estados; sin embargo, sí impulsa el llamado Corredor Transístmico, el Aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya.


LA DEFENSA

Los zapatistas advirtieron que defenderán hasta con la vida los territorios por donde cruzará el Tren Maya, y a pesar de que AMLO les respondió que él no es Carlos Salinas, ellos han mostrado su intención de seguir adelante.

Además de lo que saben hacer, la comunicación, los encapuchados y sus representantes también recurrirán a estrategias legales, pues ya no son tiempos de empuñar las armas.

Los integrantes de la Comisión Nacional Indígena, a pesar de que no reconocen a las instancias del Estado mexicano, como el sistema judicial y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, apoyarán a las organizaciones que irán por esa vía. Lo dicho, el EZLN será una piedra en el zapato…


www.ensaladadegrillos.com

Facebook: @EnsaladadeG

Twitter: @EnsaladadeG

Atrás quedó aquella vieja foto en la que aparecen el subcomandante Marcos y Andrés Manuel López Obrador del brazo. Complementan la escena Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, su hijo Lázaro Cárdenas Batel y la activista Rosario Ibarra de Piedra.


La imagen se volvió popular en redes sociales en julio del año pasado cuando el gobierno de la Cuarta Transformación apenas tenía sus primeros tropiezos.

La publicó el Presidente de México, quien estuvo en Guadalupe Tepeyac, municipio de Las Margaritas, Chiapas, cuna del zapatismo y lugar en que fue tomada la fotografía que mostraba la entonces amistad o cuando menos cercanía entre el encapuchado y el tabasqueño.

Hoy las cosas son diferentes. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha vuelto a retomar “las armas” de la palabra para expresar su rechazo a los megaproyectos del sexenio, particularmente al emblemático “Tren Maya” que partirá de Palenque, en Chiapas.

Los del EZLN no son los mismos de antes y no tienen el mismo brillo de hace 26 años cuando surgieron a la luz pública; sin embargo, tal y como lo fueron con otros gobiernos, podrían ser para la 4T, una piedra el en zapato…


DIFERENCIAS Y COINCIDENCIAS

En una cosa han coincidido los zapatistas y Obrador: en rechazar todo lo que huele a capitalismo, a neoliberalismo, al control de la nación por parte de unos cuantos, a los grandes proyectos.

La cosa es que los líderes del EZLN, quienes no tienen nada que perder, han mantenido su mismo discurso desde el alzamiento armado, igual que otros grupos como el EPR.

En cambio, Andrés Manuel López Obrador, ya en calidad de Presidente de México, tiene que matizar su discurso y en varias ocasiones hace pensar que trae un doble juego; de hecho, se le ha criticado porque dice una cosa y hace otra.

El EZLN sigue defendiendo temas fundamentales como la Tierra, algo muy arraigado, principalmente en las comunidades indígenas, quienes le brindan un valor que muchos que vivimos en las ciudades nunca entenderemos.

El grupo zapatista sigue enarbolando las mismas banderas que permitieron su surgimiento como el combate a la pobreza, a la desigualdad y a una educación distinta a la actual.

En cambio, Andrés Manuel López Obrador tiene que quedar bien con Dios y con el Diablo.

El Presidente de México sigue defendiendo la idea de acortar la desigualdad que por décadas ha afectado al país y generado más de 50 millones de pobres; sin embargo, continúa entregando programas sociales que, para el EZLN solamente son dádivas.

Sigue acusando a los gobiernos anteriores, a quienes señala de neoliberales; sin embargo, tiene que sucumbir a los caprichos de los Estados Unidos, quien le exigió, por ejemplo, el combate a la migración.

Obrador ha expresado su rechazo a las grandes compañías que buscan solamente el bien material; sin embargo, ha tenido que congraciarse con los hombres más ricos de México, quienes prometen invertir, pero el crecimiento económico fue casi de cero en 2019.

AMLO no ha querido viajar en el avión presidencial y lo puso en venta, canceló el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y canceló los recintos estratégicos de unos siete estados; sin embargo, sí impulsa el llamado Corredor Transístmico, el Aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya.


LA DEFENSA

Los zapatistas advirtieron que defenderán hasta con la vida los territorios por donde cruzará el Tren Maya, y a pesar de que AMLO les respondió que él no es Carlos Salinas, ellos han mostrado su intención de seguir adelante.

Además de lo que saben hacer, la comunicación, los encapuchados y sus representantes también recurrirán a estrategias legales, pues ya no son tiempos de empuñar las armas.

Los integrantes de la Comisión Nacional Indígena, a pesar de que no reconocen a las instancias del Estado mexicano, como el sistema judicial y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, apoyarán a las organizaciones que irán por esa vía. Lo dicho, el EZLN será una piedra en el zapato…


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